1- Declaró, pesaroso, Empédocles Etílez:
"Perdí mi salud bebiendo a la de otros".
2-
Don Martiriano y su tremenda mujer doña Jodoncia hablaban acerca de un
asunto familiar. "Yo opino...'' -arriesgó tímidamente don Martiriano.
"¡Tú te callas! -rugió doña Jodonciaa-. ¡Cuando
quiera oír tu opinión te la diré!''...
3-
Un individuo acostumbraba salir de su casa todas las noches de los
jueves para ir a jugar dominó con sus amigos. Uno de esos jueves salió y no
regresó ya. Pasaron diez años, y un día se apareció de pronto. Su esposa se
puso feliz. “¡Haré una cena especial para celebrar tu regreso! –exclamó
jubilosa-. ¡Habrá caviar, champaña…!”. “No podré asistir –declaró el tipo-. Hoy
es jueves”…
4- En su lecho de enfermo don Frustracio vivía las últimas horas de su
vida. Reunidos sus hijos en torno suyo les habló y les dijo: "Quiero que
conozcan la tragedia de mi vida. Antes de casarme yo tenía dinero, mujeres y
tres o cuatro coches deportivos. Un querido amigo me dijo: 'No lleves ya esa
vida de playboy. Cásate y ten hijos. Si no lo haces, cuando estés en tu lecho
de agonía no habrá nadie cerca de ti que te dé un vaso de agua'. Me
impresionaron sus palabras y seguí su consejo: renuncié a mi vida de placer, me
aparté de las mujeres, vendí mis coches, me casé, tuve hijos, y todo mi dinero
lo dediqué a mi familia. Ahora estoy en mi lecho de agonía, ustedes están cerca
de mí, ¡y ni siquiera tengo sed!".

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