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Humor, Frases, Poesía, Refranes, Cartones, Historias, Reflexiones y Música

viernes, 28 de noviembre de 2014

VIERNES DE PUNTACHO

Por su puerta, pasaron unos lamentos renqueantes, y hasta el fondo de su corazón de madre, llegaron y le afloraron, no su instinto, sino vocación maternal. Lo llamó y se sentó en su puerta y escuchó su pena.
Ella, era mi madre diaria; él, un mendigo cotidiano. Le contó que en una riña de cantina, con un machete y de un tajo, le habían arrancado un pedazo de pierna. A la altura de la pantorrilla, su pantalón mostraba una mancha húmeda. Se levantó la tela y apareció una hendidura en completa pudrición, donde emanaba pus, líquidos amarillentos y sangre. Pululaban larvas y se posaban moscas. El hueso, que ya estaba en gran medida expuesto, denotaba ya deterioro.

Mi madre, recordó que alguna vez, Monseñor López Lara, le había regalado una espuma para heridas. Su olor nunca lo he olvidado. Le dijo mi madre, con voz profética, que regresara al día siguiente. Mientras le lavó aquella podredumbre, con jabón neutro y agua.
Mi madre, conociendo al Padre Román, aquél asceta canadiense que santificaba la tierra mixteca, pensó en preguntarle qué decía el recipiente de aquella espuma, pues todas sus letras eran extranjeras. Ella no sabía nada de letras extranjeras, sólo sabía que aquél hombre era santo y era extranjero y por deducción concluyó que él, las entendería. Ella, que por sus quehaceres, no asomaba a la calle, asomó sólo una vez y apareció la transparente figura del anacoreta. En el lenguaje universal de la caridad, le habló de aquél menesteroso y le pidió le tradujera aquella medicina. El cenobita, disintió con su cabeza y dijo que sólo era para heridas pequeñas y rasguños. Viendo que una lágrima brotaba del corazón de mi madre, el ermitaño preguntó: “¿Tú crees Madre, que pueda servirle?” “Si usted me dice que sí, estoy segura” -le contesto con alegría mi madre-. El santo, cerrando sus ojos, tejiendo una oración con sus labios y bendiciendo aquel bote, le dijo con ese misterio numerario bíblico:, “Aplícasela sólo tres veces intercalando un día entre ellas”. Así lo hizo ella. Al tercer día, la herida ya no supuraba; al quinto, presentó y una costra; y al séptimo, ya estaba cerrada.

Mi madre se asomaba a diario esperando ver al sacerdote para contarle. Seis meses tardó en volver a verlo. Ella corrió a su encuentro y él, se lo dijo primero: “Lo sé, y Dios te da las gracias a ti". " ¿A mí? -preguntó mi madre sintiéndose indigna- Si el que rezó y bendijo la medicina fue usted padre". "Escucha hija -le contesto con amabilidad el ermitaño- Los milagros no se dan por ciencia aplicada o por arte de magia o por oración rezada. Los milagros son realidad creída. Yo te pregunté y tú creíste". 
Así dijo el Santo, y se alejó a su montaña.

-Acrela-



lunes, 24 de noviembre de 2014

LUNES DE CHISTE (Clasificación B)

1.    Doña Macalota fue con el doctor Ken Hosanna y le contó que se sentía siempre débil, sin energía. Le indicó el facultativo: “Voy a recetarle hormonas masculinas. Pienso que con eso adquirirá usted vigor”. Unas semanas después el médico se topó en la calle con doña Macalota y le preguntó cómo le había ido con el tratamiento. “A usted lo quería encontrar Doctor –respondió ella-. “Qué bueno” -se alegró el galeno-. “Pero  desde que estoy tomando las hormonas me ha estado saliendo mucho vello”. “Eso no debe preocuparla -afirmó el doctor Hosanna-. El consumo de hormonas masculinas provoca siempre un ligero crecimiento en el vello corporal. Dígame: ¿en qué parte del cuerpo le apareció ese vello?”. Replicó doña Macalota, sacando una pistola: “En los testículos cabrón”...

2.    Nalgarina Grandchichier, vedette de moda, conoció a don Senescio, un maduro caballero, y le echó el ojo. Le comentó su intención a su amiga. Ésta le contesto: “Pero el señor es tan viejo que podría ser tu padre”. “Ah si –le espetó Nalgarina- pero es tan rico que será mi esposo”...

3.    Doña Panoplia de Altopedo, aristocrática señora, salió a correr a la caída de la tarde en el parque de su colonia. Después de darle varias vueltas se sintió fatigada y se sentó a descansar en una banca del jardín. En eso llegó un astroso vagabundo y tomó asiento junto a ella. Le dijo el haragán: “Parece que ésta es mi noche de suerte. Le agradezco su buena disposición, señora, porque tengo ya varios meses que no le hago el amor a una mujer”. “¡Insolente pelafustán truhán grosero majadero barbaján maldito, muerto de hambre! -profirió con indignación doña Panoplia sin siquiera usar comas en su apóstrofe-. ¿Por qué piensa, bribón inverecundo, que tengo esa disposición?”. “Y ¿qué quiere usted que piense, señora mía? -respondió, imperturbable el vagabundo-. Está usted sentada en mi cama”...


viernes, 21 de noviembre de 2014

VIERNES DE PUNTACHO

Y el hombre paseaba, meditabundo, cabizbajo. Nadie sabía  en pensaba. Había pasado sus últimos veinte años sumido en una tristeza existencial. Se hizo vagabundo y recorrió el mundo en su total esfera, en busca de la causa de su infelicidad.
Regresó a su lugar de origen, y seguía apesadumbrado.

Un día, sentado en un basurero, encontró una lámpara, la cual frotó con exultación. Salió el genio consabido, con sus tres deseos. El hombre le pidió que se los concediera por separado. El genio razonó que el libreto señalaba que deben ser los tres juntos, pero también razonó que tendría así tres oportunidades de salir de su encierro milenario. Pidió pues, el hombre el primer deseo: “Hazme el hombre más bello de entre todos los hombres”. El genio le concedió con rutina y desdén su pedido. Al punto se vio gozando de los rasgos y trazos más perfectos negados a cualquier hombre sobre la faz de la tierra y en el haz del tiempo y de su historia. Se fue el hombre bello y se le acercaron, en multitud, las mujeres más bellas de donde pisaba pie. Pasado un tiempo, frotó nuevamente la lámpara y ahora pidió su segundo deseo: “Hazme el hombre más rico de este mundo”. El genio con un dejo de tristeza lo revistió de oro. Y se alejó nuevamente, ahora, el hombre más bello y rico del mundo. Con el dinero, compró lo que su hermosura no podía: El quedarse de aquellas  mujeres, poder, placeres, voluntades, posiciones, y, no se diga, propiedades.  Pasado un tiempo, más largo, regresó el hombre y pidió al genio su último deseo: “Quiero ser el  hombre más feliz del universo”. El genio, despidiéndose con alegría, asintió diciendo: Sea en ti  lo que me pides”.

 Y el genio lo hizo pobre.

-ACRELA-


miércoles, 19 de noviembre de 2014

MIÉRCOLES DE LIBRO (HISTORIA DEL TIEMPO (Del Big Bang a los Agujeros Negros) Stephen Hawking.

Capítulo 6: LOS AGUJEROS NEGROS  (Páginas 127 –136)

En 1967, el estudio de los agujeros negros fue revolucionado por Werner Israel, demostró que, de acuerdo con la relatividad general, los agujeros negros sin rotación debían ser perfectamente esféricos, su tamaño sólo dependía de su masa, y los agujeros negros cualesquiera con la misma masa serían idénticos. Al poco tiempo del descubrimiento de la relatividad general, mucha gente, incluido Israel,, argumentó que puesto que un agujero negro tenía que ser perfectamente esférico, sólo podría formarse del colapso de un objeto perfectamente esférico. Cualquier restrella real, que nunca sería perfectamente esférica, sólo podría por lo tanto colapsarse formando una singularidad desnuda.
Hubo sin embargo, una interpretación diferente del resultado de Israel, defendida por Roger Penrose y John wheeler. Ellos argumentaron que los rápidos movimientos involucrados en el colapso de una estrella implicarían que las ondas gravitatorias que desprendiera la harían siempre más esférica, y para cuando se hubiera asentado en un estado estacionario sería perfectamente esférica.  De acuerdo con este punto de vista, cualquier estrella sin rotación, independientemente de lo complicado de su forma y de su estructura interna, acabaría después de un colapso gravitatorio siendo un agujero negro perfectamente esférico, cuyo tamaño dependería únicamente de su masa. Cálculos posteriores apoyaron este punto de vista, que pronto fue adoptado de manera general.
El resultado de Israel sólo se aplicaba al caso de agujeros negros formados a partir de cuerpos sin rotación. En 1963, Roy Kerr, encontró un conjunto de soluciones a las ecuaciones de la relatividad general que describían agujeros negros en rotación. Estos agujeros negros de Kerr giran a un ritmo constante, y su tamaño y forma sólo dependen de su masa y de su velocidad de rotación. Si la rotación es nula, el agujero negro es perfectamente redondo y la solución es idéntica a la de Schwarzschild. Si la rotación no es cero, el agujero negro se deforma hacia fuera cerca de su ecuador (justo igual que la Tierra o el Sol se achatan en los polos debido a su rotación), y cuanto más rápido gira, más se deforma. De este modo, al extender el resultado de Israel para poder incluir a los cuerpos en rotación, se conjeturó que cualquier cuerpo en rotación, que colapsara y formara un agujero negro, llegaría finalmente a un estado estacionario descrito por la solución de Kerr.
En 1970, Brandon Carter, dio el primer paso para la demostración de la anterior conjetura. Probó que, con tal de que un agujero negro rotando de manera estacionaria tuviera un eje de simetría, como una peonza, su tamaño  y su forma sólo dependería de su masa y de  la velocidad de rotación.  Luego, en 1971, yo demostré que cualquier agujero negro rotando de manera estacionaria siempre tendría un eje de simetría. Finalmente, en 1973, David Robinson, usó el resultado de Carter y el mío para demostrar que la conjetura era correcta: dicho agujero negro tiene que ser verdaderamente la solución de Kerr. Así, después de un colapso gravitatorio, un agujero negro se debe asentar en un estado en el que puede rotar, pero no puede tener pulsaciones (es decir, aumentos y disminuciones periódicas de su tamaño). Además, su tamaño y forma sólo dependerán de su masa y velocidad de rotación, y no de la naturaleza del cuerpo que lo ha generado mediante su colapso. Este resultado se dio a conocer con la frase: “Un agujero negro no tiene pelo”. Se pueden hacer, modelos detallados de objetos que podrían contener agujeros negros, y comparar las predicciones de estos modelos co las observaciones. También implica que una gran cantidad de información sobre el cuerpo colapsado se debe perder cuando se forma el agujero negro, porque después de ello, todo lo que se puede medir del cuerpo es la masa y la velocidad de rotación.
Los agujeros negros son un caso, entre unos pocos en la historia de la ciencia, en el que la teoría se desarrolla en gran detalle como un modelo matemático, antes de que haya ninguna evidencia a través de las observaciones de que aquélla es correcta.
Nuevos estímulos sobre la existencia de agujeros negros llegaron en 1967 con el descubrimiento, por Jocelyn Bell, de objetos celestes que emitían pulsos regulares de ondas de radio. Fue la primera evidencia positiva de que las estrellas de neutrones existían. Una estrella de neutrones posee un radio de unos quince kilómetros, sólo una pequeña cantidad de veces el radio crítico en que una estrella se convierte en un agujero.
John Michel señaló en 1783, un agujero negro sigue ejerciendo una fuerza gravitatoria sobre los objetos cercanos. Los astrónomos han observado muchos sistemas en los que dos estrellas giran en órbita una alrededor de la otra, atraídas entre sí por la gravedad. También observan sistemas en los que sólo existe una estrella visible que está girando alrededor de algún compañero invisible.  No se puede, desde luego, llegar a la conclusión de que el compañero es un agujero negro: podría ser simplemente una estrella que es demasiado débil para ser vista. También son fuentes intensas de rayos X.
El número de agujeros negros es, casi con toda certeza, muchísimo mayor; en la larga historia del universo, muchas estrellas deben haber consumido todo su combustible nuclear, por lo que habrán tenido que colapsarse. El número de agujeros negros podría ser incluso mayor que el número de estrellas visibles, que contabiliza un total de unos cien mil millones sólo en nuestra galaxia. La atracción gravitatoria extra de un número tan grande de agujeros negros podría explicar por qué nuestra galaxia gira a la velocidad con que lo hace. También tenemos alguna evidencia de que existe un agujero negro mucho mayor, con una masa de aproximadamente cien mil veces la del Sol, en el centro de nuestra galaxia. Las estrellas de la galaxia que se acerquen demasiado a este agujero negro serán hechas añicos por la diferencia entre las fuerzas gravitatorias en los extremos más lejano y cercano.
Se piensa que agujeros negros similares, pero más grandes, con masas de unos cien millones de veces la del Sol, existen en el centro de los quasars.
También se puede considerar la posibilidad de que pueda haber agujeros negros con masas mucho menos que la del Sol. Estrellas de tan poca masa pueden sostenerse a sí mismas con la fuerza de la gravedad, incluso cuando hayan consumido todo su combustible nuclear.
John Sheeler calculó una vez que si se tomara toda el agua pesada de todos los océanos del mundo, se podría construir una bomba de hidrógeno que comprimiría tanto la materia en el centro que se formaría un agujero negro. Una posibilidad más práctica es que tales agujeros de poca masa podrían haberse formado en las altas temperaturas y presiones del universo en una fase muy inicial. Los agujeros negros se habrían formado únicamente si el universo inicialmente no hubiera sido liso y uniforme.  Pero se sabe que deben haber existido algunas irregularidades, porque de lo contrario, hoy en día, la materia en el universo aún estaría distribuida perfectamente uniforme, en vez de estar agrupada formando estrellas y galaxias.
El que las irregularidades requeridas para explicar la existencia de las estrellas y delas galaxias hubieran sido suficientes, o no, para la formación de un número significativo de agujeros negros “primitivos”, depende claramente de las condiciones del universo primitivo. Agujeros negros primitivos con masas de más de mil millones de toneladas (la masa de una montaña grande) sólo podrían ser detectados por su influencia gravitatoria sobre la materia visible, o en expansión del universo. Los agujeros negros no son realmente negros después de todo: irradian como un cuerpo cliente, y cuanto más pequeños más irradian. Así, paradójicamente, ¡los agujeros negros más pequeños podrían realmente resultar más fáciles de detectar que los grandes!


lunes, 17 de noviembre de 2014

LUNES DE CHISTE (Clasificación A)

·         ·         Don Martiniano cuestionó a doña Jodoncia, su consorte: “¿Qué harías si te enteraras de que me saqué la lotería?”. Contestó ella sin vacilar: “Te exigiría la mitad del premio, y en seguida me largaría de la casa”. “Muy bien -dice don Chinguetas-. Me saqué 200 pesos. Aquí tienes 100. Cumple tu palabra”.
·         Dijo el reportero: “Hubo un terremoto en Spzklyndwrmgf, Europa del Este”. Pregrunt[o el editor: “¿Cómo se llamaba el lugar antes del sismo?”…
·         Frase cínica: “Una mujer se casa con un hombre esperando que el hombre cambiará, y el hombre no cambia. Un hombre se casa con una mujer esperando que la mujer no cambiará, y la mujer cambia”. 
·         Loretela era una linda chica en edad de merecer. Tenía un hermano a quien llamaban Pansy, pues a más de ser algo regordete era gay. Sucedió que a Loretela le salió un guapo pretendiente, joven, viril,  fornido de cuerpo y de estatura procerosa. El apuesto muchacho la invitó a un baile. “Podrás ir -le dijo a Loretela su papá-, pero a condición de que Pansy te acompañe. No me fío de ese tipo”. “¡Pero, padre! -protestó ella-. ¿Qué va a decir Heraclio -así se llamaba el galán- cuando vea a mi hermano? Sus modales son demasiado femeninos. Parece Reina de la Primavera”. “Pues ya lo sabes -contestó, irreducible, el genitor-. O vas con Pansy o no vas”. Mal de su grado Loretela hubo de aceptar. Antes de ir a la cita, sin embargo, habló seriamente con su hermano. “Por favor, Pansy -le dijo-, cuando te presente con Heraclio no hables con tono aflautado, ni hagas los movimientos feminoides que haces. Procura asumir una actitud varonil”. Pansy le prometió que haría su mejor esfuerzo. En efecto, llegado el momento Loretela le dijo a Heraclio, algo nerviosa: “Te presento a mi hermano”. “Mucho gusto” -saludó el galán. Pansy, con voz ronca y gesto adusto, le contestó fijando en él una mirada penetrante: “¿Qué pasó, cuñao?”. Su tono y ademán fueron tan de macho que el otro se sobresaltó. Prosiguió Pansy con el mismo continente grave: “Mucho cuidado ¿eh? Mi hermana no está sola. Tiene quien vea por ella”. “Lo sé -respondió, inquieto, el pretendiente-. Pero quiero decirle que mis intenciones son serias y.”. “Se lo repito -le advirtió, severo, Pansy-. Tenga cuidado, porque si no.”. En este punto se interrumpió súbitamente. Volviéndose hacia Loretela le dijo con su voz mujeril de siempre y con femenino melindre de desesperación: “¡Ay no! ¡Yo ya me cansé!”. En ese momento, Heraclio, abrazando a Pansy dijo: “¡Ay, Yo también!. (Y ya no fueron al baile).


viernes, 14 de noviembre de 2014

VIERNES DE PUNTACHO

Los que estudian las causas últimas de todas las cosas a la sola luz de la razón, los filósofos pues, a lo largo de la historia, han pasado por la inexorable evolución incrustada en el mismo ADN del ser humano. Por eso han dicho cosas, ala sola luz de la razón, sin razón.
Clasifican a los seres en animados: los que tienen ánima, alma, espíritu, vida, pues; e inanimados: los que no tienen vida. Dentro de los animados se encuentran los que poseen alma vegetativa: las plantas (pues nacen, crecen, se reproducen y mueren); los de alma sensitiva: los animales, que, además, sienten; y los de alma racional; que, además, piensan. Muy pocos, conceden a las plantas y a los animales las categorías del ser humano.
Los antepasados creían en la vida más allá de la muerte, por eso enterraban con el finado, no sólo elementos materiales, sino que sepultaban también a su perro y en muchos casos, hasta su servidumbre, pues le acompañarían ayudarían en su camino a la otra vida.
Vero, era una hermosa niña en capullo. Ella también era –es- mi hermana. Una mañana, de regreso de la escuela, ella recogió de la calle a un gato recién nacido, no lo adoptó como mascota, sino fue su compañera. Enfermó Vero de gravedad y no se volvieron a ver “jamás” pues tuvo que irse a la ciudad grande donde, después de convalecer por tres meses, finalmente murió. Una tarde, su compañero, tras la puerta cerrada, contorsionó y maulló de dolor, cuando el cuerpo de ella, por la calle, pasaba delante de la casa en su cortejo fúnebre. Tres días después, el gato, también partió ese último viaje. 
Aquélla planta de jitomate, que con gran amor cuidaba en el traspatio, también se secó, esa misma semana y sin razón –con razón- de la noche a la mañana, con todo y racimo de sus frutos rojos.

De estas historias, las ha habido, las hay y las seguirá habiendo. el jitomate y el gato, que no son filósofos, me dicen, y con razón y ejemplo, que no actúan por un código o por un instinto, sino por su espíritu y que ese espíritu los movieron a darle alcance para seguir juntos la otra vida: la vida eterna.
- Acrela -


lunes, 10 de noviembre de 2014

LUNES DE CHISTE (Clasificación C)

1-     Doña Frigidia y don Colguerio vivían en constante pleito por obvias razones. En el curso de una de sus incontables riñas él le dijo a ella: “Cuando te mueras pondré estas palabras en tu lápida: ‘Aquí yace mi mujer, fría como siempre’”. Respondió ella: “Y cuando tú te mueras yo pondré está inscripción en tu tumba: ‘Aquí yace mi marido, tieso al fin’”. (No le entendí). 

2. “What a cunt!”. Así exclamó, con arrebato erótico, el guardabosque Wellh Ung en el momento en que le hacía el amor a lady Loosebloomers. Ella se molestó bastante al escuchar esa vulgar expresión interjectiva, equivalente a la frase castellana “¡Qué culazo!”, aún más del vulgacho, por el aumentativo. Detuvo milady los bien acordados meneos que solía emplear cuando llevaba a cabo el antiguo in and out -meneos valseaditos, en compás de 3 por 4-, y le dijo, severa, al mozallón: “Cuide sus palabras, jovencito. Adulterio sí; ordinarieces no”. 

3. Libidiano Pitonier, hombre dado a lúbricas voluptuosidades, se estaba refocilando en el lecho del pecado con la esposa de su mejor amigo. Arrebatada por la pasión ignívoma ella le pidió vehementemente: “¡Bésame, papacito! ¡Bésame!”. “No haré tal cosa -respondió muy digno el follador-. Ya de por sí me siento bastante mal estar follando”...


viernes, 7 de noviembre de 2014

VIERNES DE PUNTACHO

Ella sale, con paso largo y apresurado, -por el tumulto de sus “obligaciones”-  todas las mañanas y recorre las calles de la ciudad para llegar a cuantos hogares puede.

Ella, con paso, todavía, más largo y apresurado –por su idiosincrasia- recorre las calles para llegar a la escuela.

Aquélla, es la madre.
Ésta, es la hija.

Aquélla,  llega a las puertas y como si no quisiera vender, porque todo es prisa en ella, ofrece los productos que alcanza a darle la tierra de su patio, allá en su rancho.
Una clienta le reclama su prisa de siempre. Ella arguye que le esperan mil obligaciones: cosechar sus hiervas, regar su huerto, lavar las heridas al marido, que postrado yace en la cama, preparar el desayuno para él, para su única hija y para la nieta y llevarla a la escuela- vender sus legumbres, pasar al mercado, recoger a la nieta, regresar a su pueblo, tender las camas, hacer la casa, preparar y servir la comida, levantar la mesa, lavar y planchar la ropa (del marido, de la hija y de la nieta, la de ella, si le sobra tiempo), hacer la cena, levantar la mesa, lavar los trastes, acostar a la nieta, signarse en el alma sus rezos y guardar el sueño (no sus sueños) en la corta noche que le queda.
“Pues… ¿qué no le ayuda su hija?” - Le pregunta en tono perentorio una ama de casa que es su clienta-. “¡No, no, no, no, no! –Exclama con indignación la interrogada, y continúa- Mi hija no puede ni debe hacer quehaceres, pues ha usted de saber chulita, que mi hija tentó estudio”.
Siguió recorriendo las calles la señora y siguió caminando su camino la vida. Y ahora se ve a aquella madre, ya con canas en su añosa trenza, casi jorobada y con paso lento, trabajoso y renqueante, más por no atenderse que por el paso de la vida. Ahora, sigue haciendo todo lo que ha hecho por años, pero con el agregado que ahora son ocho nietos los que cuida.

Hace mucho que ya no toca la puerta de la ama de casa que la cuestionó hace años, desde un día que le dijo algo que le caló en su conciencia pero más en su alma. Le dijo la tal señora: “Eso le pasa porque a su hija no la dejó usted nunca  tentar la vida”. Quizá ese peso de consciencia le arqueó, más que el cuerpo, su vida.


-Acrela-


lunes, 3 de noviembre de 2014

LUNES DE CHISTE (Clasificación B)


1-    Himenia Camafría, madura señorita soltera, se hallaba, en una calurosa tarde de verano, recostada en su sala. De repente, entra por una ventana un ladrón joven, apuesto y membrudo. Lo vio la señorita Himenia y le dijo con voz firme: “¡Le doy exactamente 48 horas para que salga de aquí!”…

2-    Acnerito, chico adolescente, le preguntó a su papá: “¿Qué es una mujer tetona?”. El señor se turbó un poco y acertó a responder: “En Francia hay una ciudad llamada Teton. Se llama ‘tetona’ a la mujer nacida ahí”. El muchacho no se dio por satisfecho con la respuesta. Su papá quiso saber: “¿De dónde sacaste esa pregunta?”. “Olvídate de la pregunta -le dice el adolescente-. Mejor dime: ¿De dónde sacaste esa respuesta?”. 

3-    Doña Clitemnestra jugaba todas las tardes a las cartas con sus amigas. Un día el juego se prolongó más que de costumbre, y cuando Clitemnestra vio el reloj se asustó mucho. “Tengo que irme -les dijo doña Clitemnestra a sus amigas-. Mi marido llega a las 8 de la noche y no le he preparado la cena”. En su casa la señora se dio cuenta de que no había nada en el refrigerador, aparte de un tomate y unas hojas de lechuga. He ahí las funestas consecuencias del juego. En eso oyó el automóvil de su esposo, que llegaba.  Lo único que la mujer tenía a la mano era una bolsa de croquetas para perro. Puso una porción en el plato, con el tomate rebanado y la lechuga. El hombre cenó muy a su sabor. “¡Qué rica ensalada! -comentó al terminar-. Deberías dármela todas las noches”. Obediente, la señora le preparaba todas las noches la tal ensalada, que el esposo comía con fruición sin saber que estaba comiendo croquetas para perro. Cuando doña Clitemnestra les contó aquello a sus amigas todas se escandalizaron. “¡Qué locura! -le dijeron-. ¡Vas a matar a tu marido!”. “A él le gusta eso -adujo la mujer-, y yo me ahorro el trabajo de hacerle de cenar”. Pasaron varios meses, y un buen día las amigas se enteraron de que el esposo de doña Clitemnestra había pasado a mejor vida. Se entristecieron mucho: seguramente esa tarde no habría jugada. Fueron a darle el pésame. Le dijeron: “Te advertimos que esa dieta de croquetas para perro acabaría por enviar a tu marido al otro mundo”. Replicó doña Clitemnestra: “No fueron las croquetas. Se rompió el cuello cuando se agachó para lamerse la entrepierna”.