1- Uglilia, mujer fea, dejó en su
testamento su cuerpo a la ciencia. Ahora la ciencia está tratando de hacer que
el testamento se declare nulo…
2- En
la cantina un borrachito declaró en voz alta: “Todos los políticos son
ladrones”. Al oír aquello un tipo membrudo y mal encarado se levantó de su
mesa, fue hacia el que había dicho aquello y le habló en tono desafiante:
“Retire sus palabras, señor mío. Me han ofendido”. Inquirió el otro: “Perdone
usted, no sabía que era político”. “No soy político -respondió el hombre-. Soy ladrón”…
3- Un rico estadounidense contrató a un
mexicano para que le cuidara su casa, pues iba a hacer un largo viaje. “Yo
encargarte mucho a mi perro -le dice-. Ser un animal muy inteligente: saber
sumar, restar, multiplicar y dividir, para lo cual dibujar con la pata derecha
los números en la tierra del jardín. Yo darte dinero para su alimento. Tú
comprarle croquetas de las más caras y agua Perrier, pues él no tomar de otra”.
Le dio el míster al mexicano una muy buena cantidad de dólares al mexicano para
la atención del perro, tras de lo cual emprendió el viaje. El paisano, desde
luego, se embolsó los dólares, y le daba al desdichado can las sobras de su
comida. Acostumbraba el tipo comer mucho chile, de modo que cuando el yanqui
regresó a la casa halló al lacerado perro arrastrándose de pompas en la tierra,
por la picazón que sentía en salva sea la parte. “¡Oh my God¡ -clamó el
americano con desesperación-. ¿Qué haberle hecho tú a mi perrito?”. “Nada,
mister -respondió muy tranquilo el mexicano-. Lo que pasa es que estaba
haciendo unas operaciones matemáticas, y yo creo que se equivocó en una, porque
la está borrando”...

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