1. Cicato Machinto, agente viajero que comerciaba en
diversas mercancías llamó por teléfono a su esposa, a la que hacía tiempo no le
enviaba dinero, y le anunció con presunción para humillarla: “¡Vendí 20
colchones y 100 calzones de mujer, y me gané 15 mil pesos!”. “¡Uh! -replicó
ella con desdeñoso acento-. Yo con un solo colchón y sin calzones me he ganado
en este mes ya cerca de 100 mil”
2.
La
última paciente que ese día iba a atender el doctor Wetnose, (Nariz mojada)
famoso ginecólogo, no llegó a su cita. Así pues el facultativo despidió a la
recepcionista, cerró la puerta de su consultorio, y se acomodó luego en su
sillón a fin de disfrutar un refrescante vodka tonic, recompensa que a sí mismo
se otorgaba al final de cada día de trabajo. Tranquilo estaba gozando su bebida
cuando llegó la paciente, y con pena se disculpó por su tardanza. El doctor
Wetnose le dijo que no se preocupara: había dado ya por terminadas sus labores
de ese día, pero con gusto la atendería a primera hora del siguiente. Luego le
preguntó si no le gustaría acompañarlo con otro vodka tonic. La señora aceptó
el invite, agradecida. Le sirvió la copa el médico, y ambos entablaron una
animada charla. En eso se oyó ruido de llaves en la cerradura. “¡Mi esposa! –le
dijo con alarma el doctor Wetnose a su paciente-. ¡Rápido,
quítese la ropa y abra las piernas!”…
3.
Un
sujeto llamado Erotino Pitorreal se presentó ante el famoso psiquiatra Sigmund
Headpeeper y le dijo: “Vengo a verlo, doctor, por consejo de un amigo; aunque
pienso que no tengo en verdad ningún problema”. Inquirió el analista: “¿Por qué
entonces su amigo le sugirió venir?”. Respondió el otro: “Porque le hago el
amor a mi esposa dos veces cada día”. “Eso no es inusual –dijo el siquiatra-.
Muchos hombres hacen eso, al menos durante la primera semana del matrimonio”.
“Es cierto –admitió el tipo-, pero también le hago el amor dos veces diarias a
la sirvienta, a una vecina, a mi secretaria, a una antigua novia y a la
pianista del bar a donde voy”. “Tiene razón su amigo –se preocupó el psiquiatra-.
Creo que el suyo es un caso de erotomanía. Eso sí es un problema. ¡Dos veces
diarias, y con tantas mujeres! Debe usted tomar el asunto en sus manos”. “Lo
tomo, doctor –aseguró el sujeto-. También dos veces diarias”…
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