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lunes, 20 de enero de 2014

LUNES DE CHISTE (Clasificación C )

1.     Cicato Machinto, agente viajero que comerciaba en diversas mercancías llamó por teléfono a su esposa, a la que hacía tiempo no le enviaba dinero, y le anunció con presunción para humillarla: “¡Vendí 20 colchones y 100 calzones de mujer, y me gané 15 mil pesos!”. “¡Uh! -replicó ella con desdeñoso acento-. Yo con un solo colchón y sin calzones me he ganado en este mes ya cerca de 100 mil”

2.     La última paciente que ese día iba a atender el doctor Wetnose, (Nariz mojada) famoso ginecólogo, no llegó a su cita. Así pues el facultativo despidió a la recepcionista, cerró la puerta de su consultorio, y se acomodó luego en su sillón a fin de disfrutar un refrescante vodka tonic, recompensa que a sí mismo se otorgaba al final de cada día de trabajo. Tranquilo estaba gozando su bebida cuando llegó la paciente, y con pena se disculpó por su tardanza. El doctor Wetnose le dijo que no se preocupara: había dado ya por terminadas sus labores de ese día, pero con gusto la atendería a primera hora del siguiente. Luego le preguntó si no le gustaría acompañarlo con otro vodka tonic. La señora aceptó el invite, agradecida. Le sirvió la copa el médico, y ambos entablaron una animada charla. En eso se oyó ruido de llaves en la cerradura. “¡Mi esposa! –le dijo con alarma el doctor Wetnose a su paciente-. ¡Rápido, quítese la ropa y abra las piernas!”…


3.     Un sujeto llamado Erotino Pitorreal se presentó ante el famoso psiquiatra Sigmund Headpeeper y le dijo: “Vengo a verlo, doctor, por consejo de un amigo; aunque pienso que no tengo en verdad ningún problema”. Inquirió el analista: “¿Por qué entonces su amigo le sugirió venir?”. Respondió el otro: “Porque le hago el amor a mi esposa dos veces cada día”. “Eso no es inusual –dijo el siquiatra-. Muchos hombres hacen eso, al menos durante la primera semana del matrimonio”. “Es cierto –admitió el tipo-, pero también le hago el amor dos veces diarias a la sirvienta, a una vecina, a mi secretaria, a una antigua novia y a la pianista del bar a donde voy”. “Tiene razón su amigo –se preocupó el psiquiatra-. Creo que el suyo es un caso de erotomanía. Eso sí es un problema. ¡Dos veces diarias, y con tantas mujeres! Debe usted tomar el asunto en sus manos”. “Lo tomo, doctor –aseguró el sujeto-. También dos veces diarias”…

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