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miércoles, 12 de febrero de 2014

MIÉRCOLES DE MISCELÁNEA (Ciencia)

EL COLOR DE LA DEPRESIÓN.
Las personas deprimidas ven el mundo de color gris.
Cuando se está deprimido se dice que se ve todo de color gris. Dicha metáfora ha sido estudiada por la Universidad de Friburgo, por un grupo de investigadores encabezados por el psiquiatra Ludger Tebartz Van Elst. 
El grupo de investigadores buscó el nexo entre la depresión y el color gris, concluyendo que la depresión hace que el contraste entre los colores blanco y negro se diluya.
Para llegar a dicha conclusión, los investigadores utilizaron electrodos para registrar la actividad eléctrica de la retina en respuesta a una serie de flashes. Los pacientes deprimidos respondían a los flashes con un menor contraste en las células fotorreceptoras de la retina. 
Así, la metáfora de verlo todo gris no es del todo incorrecta, dado que está estrechamente ligado con el estado de la persona.

LOS EFECTOS DEL AMOR
El cerebro de una persona enamorada libera más sustancias químicas.
La investigadora Stephanie Ortige de la Universidad de Syracuse, en Nueva York, ha estudiado bajo el título "La Neuroimagen del Amor" los efectos que producen hacia el organismo el hecho de enamorarse. ¿Es cosa de cerebro o de corazón?
El estudio concluyó que enamorarse puede llegar a provocar una sensación semejante a consumir cocaína y afecta a áreas intelectuales del cerebro. El primer desencadenador es el efecto "flechazo", que es una explosión de sustancias químicas que tarda un quinto de segundo en producirse desde el momento de la percepción de algo que nos ha gustado.
Además el estudio reveló que cuando alguien se enamora, el cerebro puede llegar a trabajar hasta en 12 áreas simultáneamente para segregar sustancias químicas que provocan bienestar o euforia, como la oxitocina, dopamina, adrenalina o vasopresina. Los tipos de amor por supuesto actúan de manera diferente sobre el cerebro. Así, el amor apasionado actúa de una manera más fuerte sobre las zonas del cerebro que están relacionadas con la recompensa y otras zonas que representan la imagen corporal en nuestro cerebro.

La pregunta que se le hizo a la investigadora es: ¿el amor es corazón o cerebro? “Yo diría que el cerebro, pero el corazón también está implicado", respondió, citando por ejemplo a la aparición de "mariposas en el estómago", que es la sensación que producen cascadas de neurotransmisores de algunas zonas del cerebro al corazón, consiguiendo acelerarlo y producir el gusanillo que todos alguna vez hemos sentido.

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