AQUEL NIÑO, quien de la mano de
su padre camina por la calle, le pregunta: “Papá, ¿con quién va hablando ese señor?”
“Con nadie. Es un loco. Habla solo”. –Le responde el padre que va sumido en sus
amores y remata: “Él, se inventa unas historias, no son reales”.
Yo, que alcanzo a escuchar ese diálogo
paterno, como el monólogo de “El Chino”, el “loco” en cuestión, establezco mi
propio diálogo conmigo mismo y pienso: Yo creo que hay en la calle cuerdos que estamos
locos y locos que están cuerdos, como “El chino”, que a cada chica que encuentra le
dice con rápida voz, con ternura en sus ojos y con sumo respeto: “China, eres
hermosa” “Eres mi china”.
Cierto que “El Chino” inventa
esas historias fantasiosas, pero que en la “locura” de sí, las vive y son
reales, en donde en cada una de sus conversaciones, todas las mujeres son
hermosas, todas son sus chinas, a todas idolatra y ama, convocándole sempiterna
alegría de Tenorio.
Prefiero “dialogar” solo.
Quisiera ser un loco cuerdo y vivir amando, en la irrealidad, a todas, con fidelidad
pura en una, y no, un cuerdo loco, “amando”, en la realidad, a una, con
infidelidad impura en muchas.
Quisiera, ser “El Chino”.
-Acrela -
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