Castigo infantil, beneficio cero
Los castigos físicos no son buenos para los hijos
porque pueden aumentar su agresividad y dañarles a largo plazo
Aunque a la corta parecen una solución rápida y
eficaz, a la larga las sanciones corporales generan más perjuicios que
beneficios para quienes los reciben. Reprimir físicamente a los hijos puede
causarles daño en su desarrollo a largo plazo, de acuerdo a un estudio
realizado por la investigadora Joan Durant, profesora de la Universidad de
Manitoba (Winnipeg, Manitoba) y el doctor Ron Ensom, del Hospital de Niños de
Ontario Oriental, en Ottawa.
El golpeo físico no sólo predice de manera consistente
que el niño manifestará en el futuro un mayor nivel de agresividad, sino que
además tendrá muchas posibilidades de tener problemas como depresión o
abuso de sustancias, según esta investigación, publicada en la revista
científica ’Canadian Medical Association Journal’.
Otro equipo de investigadores ha desvelado que las
consecuencias del golpeo físico infantil son muchas, y no todas inmediatas, ya
que aquellos niños que soportan desde golpes hasta palizas con frecuencia se
convierten en adultos más propensos a sufrir determinados trastornos mentales.
Concretamente, la investigación señala que entre el 2 por ciento y el 7
por ciento de los problemas mentales tiene su origen en los abusos físicos que
los pequeños reciben durante su infancia.
El estudio, para el cual se analizó el pasado y
presente de 35.000 adultos estadounidenses, detectó una mayor presencia de
trastornos mentales en aquellos que en su niñez habían recibido azotes. Entre
ellos es más probable encontrar psicopatologías como depresión, ansiedad,
trastornos de la personalidad, así como problemas con el alcohol y las drogas.
Los autores del estudio desaconsejan aplicar cualquier
tipo de castigo físico y en cualquier edad del niño y recomiendan a los padres
no caer en la tentación del azote. En su lugar apoyan disciplinar al niño
usando técnicas de refuerzo positivo, es decir recompensando las buenas
acciones. Un estudio anterior efectuado en 2004 por el investigador Andrew
Grogan-Kaylor de la Escuela de Michigan de Trabajo Social (EE.UU.), había
concluido que “incluso las cantidades más mínimas de golpes a un niño pueden
derivar en una probabilidad mucho mayor de que se comporte de forma asocial'.
Los niños que reciben azotes y golpes frecuentes
de parte de sus padres antes de cumplir los dos años de edad, suelen tener
problemas de conducta durante la etapa escolar, según la la Universidad John
Hopkins (EE.UU.) .
'La bofetada es contraproducente. Este tipo de
reacción puede minar la relación entre hijos y padres, así que hay que evitarla
a toda costa”. 'La bofetada no tiene ningún valor educativo, y en lugar
de ayudar a resolver los conflictos, sólo sirve para que el adulto se desfogue.
Dado que es un signo de impotencia, debilita la autoridad moral de los padres y
la seguridad que los hijos buscan en ellos', añade Doménech, autora del libro
“Padres y adolescentes: cuantas dudas”, según la psicóloga y pedadoga española
Montserrat Doménech.
Cuando los nervios están a flor de piel es muy difícil
llegar a un acuerdo. Es mejor dejarlo porque es inútil y no hay que tomar
ninguna determinación que pueda resultar contraproducente. Se sugiere hablar
con el hijo o hija sobre el problema, después que pase la rabieta y se calmen
los ánimos de .ambos.
En vez de insistir en lo que tiene prohibido, es mejor
recordarle lo que se les está permitiendo. Si un hijo no está estudiando para
un examen, se le pueden recordar los beneficios de sacar una buena nota, por
ejemplo que dispondrá de más tiempo libre.
0 comentarios:
Publicar un comentario