1. Inés, en los lavaderos
de la vecindad le contó a su amiga, Frustacia: “Antes de hacerme el amor mi
esposo me acaricia lentamente; me besa con morosos besos; me musita al oído
palabras de romanticismo; me dice que me ama, y lo feliz que es a mi lado”. Comentó
la otra: “Mi marido lo único que hace es preguntarme: ‘¿Estás despierta? Y a veces ni eso, el desgraciado”…
2. Don Flacido, Vepa Bajo, el abnegado esposo de doña Esperanza, fue a una
despedida de soltero. Llamó por el celular a su consorte y le dijo con voz
atribulada: "Pensé que la fiesta sería sólo para hombres, pero hay aquí
mujeres de dudosa condición. ¿Qué puedo hacer?". Le respondió doña
Esperanza: "Si crees que puedes hacer algo ven acá inmediatamente cabrón".
3. Pancho vivía en un
pueblo del sur de Estados Unidos. Su vecino era Big Joe, un norteamericano
fortachón. Pancho tenía una gallina que todas las mañanas ponía un huevo en el
jardín. Uno de esos días a la gallina se le ocurrió poner el huevo en el jardín
de Joe, y éste lo reclamó como suyo. Pancho adujo: “La gallina es mía. Por lo
tanto el huevo me pertenece”. Alegó el otro: “Lo puso en mi propiedad. El huevo
es mío”. Entonces dijo Pancho: “No vamos a pelear, vecino”. (Prudente actitud
si se toma en cuenta que Big Joe medía 6 pies 8 pulgadas y pesaba 290 libras,
en tanto que la estatura de Pancho era de1.60 m. y su peso de 55 kilos).
Preguntó el norteamericano: “¿Qué propones?”. Dijo Pancho: “Yo te daré una
patada en los éstos, y luego tú me darás una patada a mí en la misma parte.
Repetiremos por turno las patadas. El que aguante más patadas sin rendirse será
el ganador”. Joe, divertido, aceptó el reto. Se puso en aptitud de recibir el
primer puntapié de Pancho: las piernas abiertas, erguido el torso, cerrados los
puños y la barbilla levantada como había aprendido en sus prácticas con los
Marines. Pancho tomó impulso y le propinó a Big Joe una terrible patada en los
testes, dídimos o compañones. El tremebundo puntapié hizo que aquel fuerte
Goliat cayera al suelo lanzando ululatos de dolor y cogiéndose con ambas manos
la dolorida parte. Y es que Joe ignoraba que Pancho había sido centro delantero
en el equipo de futbol los Rayos de Cuitlatzintli, su pueblo natal, y era todo
un crack. Después de unos minutos de permanecer en el suelo en posición fetal
Big Joe se pudo levantar al fin. Le dijo con ominosa voz a Pancho: “Ahora me
toca a mí darte la patada”. “No -replicó Pancho-. Ya pensé bien las cosas: por
encima de todo está la buena vecindad. Puedes quedarte con el huevo”…

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