Del ser humano, su primer momento en este mundo, dirá mucho de lo que será su vida; y su último momento, en este mundo, dirá todo lo que fue su vida.
Cualquier camino que escoja el ser humano, como trayecto para su desarrollo y crecimiento, a través de su vocación o profesión, no escapará a la categoría de pertenecer a una estructura, ya sea civil o religiosa. Estructura que estará hecha de humanos. Por tanto, por diferente o hasta digna que sea dicha estructura, presentará por lo general, los mismos antivalores y los mismos valores.
Hubo un sacerdote católico, que a partir de su libre albedrío se creó ideales , los vivió y defendió, aunque lo frágil de su condición humana muchas veces le hicieron cambiar de opinión, pero lo robusto de esa misma condición, ni una vez, le hicieron cambiar sus principios. Defender ideales sin lastimar calumniadores, lo llevaron a derramar amargas lágrimas.
¡Dios nos libre de un cáncer!. En su tono folclórico que tenía, expresaba en cátedra, a sus pupilos en el seminario, ese que tanto amó.
Una enfermedad, en su edad mediana, le derivó en cáncer. En las postrimerías de su vida, reducido, y carcomido por ese padecimiento, dejó, por voluntad propia, de tomar sus medicinas. El dolor de sus carnes le quemaba sus entrañas, pero no su alma. Y así, esos días terminales conjugaba sus ayes con cánticos laudatorios al Divino. Y en esa penumbra de muerte, surgía un haz luminoso de vida que decía: “Por mi seminario, Señor, te ofrezco mis dolores, por mi seminario”.
¡Dios nos libre de un cáncer!. En su tono folclórico que tenía, expresaba en cátedra, a sus pupilos en el seminario, ese que tanto amó.
Una enfermedad, en su edad mediana, le derivó en cáncer. En las postrimerías de su vida, reducido, y carcomido por ese padecimiento, dejó, por voluntad propia, de tomar sus medicinas. El dolor de sus carnes le quemaba sus entrañas, pero no su alma. Y así, esos días terminales conjugaba sus ayes con cánticos laudatorios al Divino. Y en esa penumbra de muerte, surgía un haz luminoso de vida que decía: “Por mi seminario, Señor, te ofrezco mis dolores, por mi seminario”.
Se fue de esta vida, mi amigo, y estoy seguro, lo encontró Dios en la otra, con esa experiencia humana del Pobre de Asís: de transformarla en trascendencia divina: pues esos sus dolores temporales se convertían en gozo eterno. Ya no sufría sino gozaba.
El Padre Celestino Osorio Zárate, en su último momento en este mundo, dijo todo lo que fue en su vida, en la vida, en nuestra vida.
-Acrela-
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GLOSARIO
CÁTEDRA: Facultad o materia particular que enseña un catedrático.
AYES: Plural de la interjección ¡ay!
LAUDATORIO: Que alaba o contiene alabanza.
AYES: Plural de la interjección ¡ay!
LAUDATORIO: Que alaba o contiene alabanza.

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