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miércoles, 10 de diciembre de 2014

MIÉRCOLES DE LIBRO (HISTORIA DEL TIEMPO -Del Big Bang a los Agujeros Negros- Stephen Hawking)

Capítulo 7: LOS AGUJEROS NEGROS  NO SON TAN NEGROS (Páginas 144- 148)

¿Cómo es posible que un agujero negro parezca emitir partículas cuando sabemos que nada puede escapar de dentro de su horizonte de sucesos? La respuesta, que la teoría cuántica nos da, es que las partículas no provienen del agujero negro, sino del espacio “vacío” justo fuera del horizonte de sucesos del agujero negro. Podemos entender que esto de la siguiente manera: lo que consideramos el espacio “vacío” no puede estar totalmente vacío, porque  esto significaría que todos los campos, tales como el gravitatorio o el electromagnético, tendrían que ser exactamente cero. Sin embargo, el valor de u campo y su velocidad de cambio con el tiempo son como la posición y la velocidad de una partícula: el principio de incertidumbre implica que cuanto con mayor precisión se conoce una de esas dos magnitudes, con menor precisión se puede saber la otra. Así, en el espacio vacío, el campo no puede estar fijo con valor cero exactamente, porque entonces tendría a la vez un valor preciso (cero) y una velocidad de cambio precisa (también cero). Debe haber una cierta cantidad mínima debido a la incertidumbre, o fluctuaciones cuánticas, del valor del campo. El principio de incertidumbre también predice que habrá pares similares de partículas materiales virtuales, como electrones o quarks. En este caso, sin embargo, un miembro del par será una partícula y el otro una antipartícula (las antipartículas de la luz y de la gravedad son las mismas que las partículas).
Como la energía no puede ser creada de la nada, uno de los componentes de un par partícula/antipartícula tendrá energía positiva y el otro energía negativa. El que tiene energía negativa está condenado a ser una partícula virtual de vida muy corta, porque las partículas reales siempre tienen energía positiva en situaciones normales. Debe, por lo tanto, buscar a su pareja y aniquilarse con ella. Pero una partícula real, cerca de un cuerpo masivo, tiene menos energía que si estuviera lejos, porque se necesitaría energía para alejarla en contra de la atracción gravitatoria de ese cuerpo. Normalmente, la energía dela partícula aún sigue siendo positiva, pero el campo gravitatorio dentro de un agujero negro es tan intenso que incluso una partícula real puede tener allí energía negativa. Es, por lo tanto, posible, para la partícula o antipartícula real. En este caso, ya no tiene que aniquilarse con su pareja. Su desamparado compañero puede caer así mismo en el agujero negro. O, al tener energía positiva, también puede escaparse de las cercanías del agujero negro como partícula o antipartícula real. Para un observador lejano, parecerá haber sido emitida desde el agujero negro. Cuanto más pequeño sea el agujero negro, menor será la distancia que la partícula con energía negativa tendrá que recorrer antes de convertirse en una partícula real y, por consiguiente, mayores serán la velocidad de emisión y la temperatura aparente del agujero negro.
Conforme el agujero negro pierde masa, el área de su horizonte de sucesos disminuye, pero la consiguiente disminución de entropía del agujero negro es compensada de sobra pro la entropía de la radiación emitida, y, así, la segunda ley nunca es violada.
Además, cuanto más pequeña se la masa del agujero negro, tanto mayor será su temperatura. Así, cuando el agujero negro pierde masa, su temperatura y su velocidad de emisión aumentan y, por lo tanto, pierde masa con más rapidez. Pero la suposición más razonable es que desaparecería completamente en una tremenda explosión final de radiación, equivalente a la explosión de millones de bombas H.
Un agujero negro con una masa de unas pocas veces la masa del Sol tendría una temperatura de sólo diez millonésimas de grado por encima del cero absoluto. Esto es mucho menos que la temperatura de la radiación de microondas que llena el universo (aproximadamente igual a 2.7 grados por encima del cero absoluto), por lo que tales agujeros negros emitirían incluso menos de lo que absorben. Si el universo está destinado a continuar expandiéndose por siempre, la temperatura de la radiación de microondas disminuirá y con el tiempo será menor que la de un agujero negro de esas características, que entonces empezaría a perder masa. Pero, incluso en ese caso, su temperatura sería tan pequeña que se necesitarían aproximadamente un millón de billones de billones de billones de billones de billones de años (un 1 con sesenta y seis ceros detrás), para que se evaporara completamente. Este período es mucho más largo que la edad del universo que es sólo de unos diez o veinte mil millones de años (un 1 ó 2 con diez ceros detrás). Por el contrario, podrían existir agujeros negros primitivos con una masa mucho más pequeña, que se formaron debido al colapso de irregularidades en las etapas iniciales del universo. Estos agujeros negros tendrían una mayor temperatura y emitirían radiación a un ritmo mucho mayor. Un agujero negro primitivo con una masa inicial de mil millones de toneladas tendría una vida media aproximadamente igual a la edad del universo. Los agujeros negros primitivos con masas iniciales menores que la anterior ya se habrían evaporado completamente, pero aquellos con masas ligeramente superiores aún estarían emitiendo radiación en forma de rayos X y  rayos gamma. Los rayos X y los rayos gamma son como las ondas luminosas, pero con una longitud de onda más corta. Tales agujeros apenas merecen el apelativo de negros: son realmente blancos incandescentes y emiten energía a un ritmo de unos diez mil megavatios.
Un agujero negro de esas características podría hacer funcionar diez grandes centrales eléctricas, si pudiéramos aprovechar su potencia. No obstante, esto sería bastante difícil: ¡el agujero negro tendría una masa como la de una montaña comprimida en menos de una billonésima de centímetro, el tamaño del núcleo de un átomo! Si se tuviera uno de estos agujeros negros en la superficie de la Tierra, no habría forma de conseguir que no se hundiera en el suelo y llegara al centro de la Tierra. Oscilaría a través de la Tierra, en uno y otro sentido, hasta que al final se pararía en el centro. Así, el único lugar para colocar este agujero negro, de manera que se pudiera utilizar la energía que emite, sería en órbita alrededor de la Tierra, y la única forma en que se le podría poner en órbita sería atrayéndolo por medio de una gran masa puesta delante de él, similar a la zanahoria en frente del burro. Esto no parece una propuesta demasiado práctica, al menos en un futuro inmediato.


lunes, 8 de diciembre de 2014

LUNES DE CHISTE (Clasificación B)

1.    Inés, en los lavaderos de la vecindad le contó a su amiga, Frustacia: “Antes de hacerme el amor mi esposo me acaricia lentamente; me besa con morosos besos; me musita al oído palabras de romanticismo; me dice que me ama, y lo feliz que es a mi lado”. Comentó la otra: “Mi marido lo único que hace es preguntarme: ‘¿Estás despierta? Y a veces ni eso, el desgraciado”…

2.    Don Flacido, Vepa Bajo, el abnegado esposo de doña Esperanza, fue a una despedida de soltero. Llamó por el celular a su consorte y le dijo con voz atribulada: "Pensé que la fiesta sería sólo para hombres, pero hay aquí mujeres de dudosa condición. ¿Qué puedo hacer?". Le respondió doña Esperanza: "Si crees que puedes hacer algo ven acá inmediatamente cabrón".


3.    Pancho vivía en un pueblo del sur de Estados Unidos. Su vecino era Big Joe, un norteamericano fortachón. Pancho tenía una gallina que todas las mañanas ponía un huevo en el jardín. Uno de esos días a la gallina se le ocurrió poner el huevo en el jardín de Joe, y éste lo reclamó como suyo. Pancho adujo: “La gallina es mía. Por lo tanto el huevo me pertenece”. Alegó el otro: “Lo puso en mi propiedad. El huevo es mío”. Entonces dijo Pancho: “No vamos a pelear, vecino”. (Prudente actitud si se toma en cuenta que Big Joe medía 6 pies 8 pulgadas y pesaba 290 libras, en tanto que la estatura de Pancho era de1.60 m. y su peso de 55 kilos). Preguntó el norteamericano: “¿Qué propones?”. Dijo Pancho: “Yo te daré una patada en los éstos, y luego tú me darás una patada a mí en la misma parte. Repetiremos por turno las patadas. El que aguante más patadas sin rendirse será el ganador”. Joe, divertido, aceptó el reto. Se puso en aptitud de recibir el primer puntapié de Pancho: las piernas abiertas, erguido el torso, cerrados los puños y la barbilla levantada como había aprendido en sus prácticas con los Marines. Pancho tomó impulso y le propinó a Big Joe una terrible patada en los testes, dídimos o compañones. El tremebundo puntapié hizo que aquel fuerte Goliat cayera al suelo lanzando ululatos de dolor y cogiéndose con ambas manos la dolorida parte. Y es que Joe ignoraba que Pancho había sido centro delantero en el equipo de futbol los Rayos de Cuitlatzintli, su pueblo natal, y era todo un crack. Después de unos minutos de permanecer en el suelo en posición fetal Big Joe se pudo levantar al fin. Le dijo con ominosa voz a Pancho: “Ahora me toca a mí darte la patada”. “No -replicó Pancho-. Ya pensé bien las cosas: por encima de todo está la buena vecindad. Puedes quedarte con el huevo”…


viernes, 5 de diciembre de 2014

VIERNES DE PUNTACHO

   EN LOS AYERES NACIENTES de las empresas de servicios básicos de hoy,  en el currículum vítae de los empleados, tenían más tinta los valores como la disposición, la voluntad, la entrega y la fidelidad, que las habilidades de los mismos, tanto así, que se podía observar el tosco,  único y omnipresente dedo de las secretarias, oprimir las duras teclas de las obligadas y mecánicas máquinas de escribir. Con los valores bastaba para que al paso del tiempo dichos empleados escalaran la cumbre de la pirámide del, cada vez más elaborado organigrama empresarial.

Rafaelita, fue la primera empleada. Se podría decir que llegó antes que la empresa misma. Nunca se había cortado el cabello que, suelto, pisaba el suelo. La solución era su eterna trenza que doblaba por mitad y aun así le sobrepasaba su estrecha cintura. Nunca atentó usar cosmético alguno, pues su belleza era natural y despiadada para con los que osaban poner su mirada en aquella figura de diosa, aseada, muy bien lograda pues, sus oblicuos y grandes ojos, escoltados por sus enormes, pobladas negras  y chinas pestañas, eran de mirada recta, nunca  se detenían en circunstancias laterales que denotarían extravío o le llevaran a su conducta ser arrastrada por una tentación mundana.  Su ristra pues, era el compendio que hacía de su figura un todo, una esencia sin accidente aparente alguno; de una sola pieza de virginal hechura; de moral, reputación y disciplina pura. Era el paradigma de señorita de aquella su sociedad contemporánea.
Pero aquella guedeja negra mal sujetada por los amarres de esa moral y buenas costumbres fanatizadas, dos veces en la vida le fue desatada por la inexorable fuerza de su naturaleza humana que a gritos le pedía comportarse con natura. Se la desaliñó un casquivano quien la abandonó  y le dejó, en ocasiones separadas, a una niña y aun niño en su juventud ya madura. Eso le hizo mella en su conciencia y apretó más con juramento religioso no volver a desatarla y ocupó sus pasos sólo para sus deberes domésticos, religiosos y laborales. Entregó su tiempo y su vida a su empresa pues las necesidades se habían multiplicado por tres y no iba a abandonar a sus retoños como las abandonó el engendrador.

Pasaron los años y la vida con su mechón  al aire. Y llegó el tiempo de su jubilación que la dejó marchita y su trenza, igual de larga, pero ya cana y rala ahora. Se fue a su casa, abrió la puerta y se plantó ante sus hijos diciendo con gran sonrisa: “Ahora sí hijos, ya estoy en casa, ya vine para estar con ustedes” Como respuesta de sus dos hijos, ya con alas, encontró un: “Mamá, tu viniste cuando nosotros ya nos vamos. Cuando te necesitamos tú no estabas. Tus hijos fueron siempre la empresa y sus deberes”. Esas palabras le dolieron más que sus dos deslices morales. Con la compañía de la soledad en casa, regresó a la empresa. Todos saludaron con pronto saludo pues todos volvían a sus deberes. Se dio cuenta que su escritorio de mil labores, ya era ocupado por una joven egresada de estudios superiores. Ya no hacía falta, ya no llamaron “jefa”. Sino “lita”. Su palabra ya no era más la última palabra, ni tenía más valor que la del dueño mismo, ni la de sus jefes que vio desfilar a raudales.

Rafelita fue una Institución en la institución que era la empresa, pero no fue institución en la Institución que fue su familia.
La empresa estaba allí y seguiría allí. Sus hijos, ya estaban.

-Acrela- 

GLOSARIO
-RISTRA: Trenza hecha de los tallos de ajos o cebollas. / Conjunto de ciertas cosas colocadas unas tras otras.
-GUEDEJA: Cabellera larga. / Melena de león.