1.- EN LA MERIENDA DE LOS JUEVES las socias del Club de Bordado hablaban de sus respectivos perros, y de lo inteligentes que eran. Doña Panoplia, dama de sociedad, señora de alto pedorraje, dijo que su perro Rafeiro do Alentejo era tan inteligente que todas las mañanas recogía el periódico. Doña Clorilia, mujer de clase media, declaró: “Pues mi pastor alemán es tan inteligente que recoge los juguetes que dejan tirados mis nietos”. Habló doña Holofernes, que todos los jueves venía de su rancho a la reunión del club. Dijo: “Mi perro no es de raza, pero es tan inteligente que cuando va al gallinero recoge los huevos”. “¿De veras?” –se asombran las señora. “Sí –confirma doña Holofernes-. Porque si no los recoge p’adentro se los picotean las gallinas”…
2.- EL PROFESOR PIDIÓ A LOS NIÑOS que dijeran lo que querían ser cuando crecieran. Pepito fue el primero en levantar la mano. Aunque ya lo conocía, el maestro, con miedo, pero tuvo que darle la palabra. “Yo quiero ser muy rico –declaró Pepito-. Con mi dinero me conseguiré una prostituta de lujo, y me daré con ella la gran vida. La llevaré en mi yate y mi avión privado a pasear por todo el mundo; la cubriré de pieles y de joyas; le regalaré seis o siete automóviles de los más caros; le compraré un departamento frente a Central Park en Nueva York; un hotel en los Campos Elíseos de París; un chalet en Suiza y un palazzo en Florencia. Le abriré cuentas en seis o siete bancos, sin límite de gastos…”. “Bien, bien” –lo interrumpió el maestro. Rosilita, quien desde media ponencia de pepito alzaba su mano con insistencia, le dijo al profesor: “Yo, yo profe” . Le dijo el maestro: “A ver pues, Rosilita: ¿qué quieres ser cuando estés grande?”. Respondió sin vacilar la niña: “¡Quiero ser esa prostituta!”…
3.- DOÑA FRÍGIDA LES CONTÓ A SUS AMIGAS: “Mi marido leyó en una revista que la mujer que trabaja, y que al llegar a su casa debe hacer las tareas del hogar, termina demasiado cansada para hacer bien el amor. Así, cuando llegué a la casa el viernes último encontré que mi marido había bañado a los niños, les había dado de cenar y los había acostado. Además lavó la ropa de toda la semana, la planchó y la puso en su lugar. También hizo la cena para nosotros, que resultó deliciosa”. Le pregunta una con curiosidad: “Y ¿cómo resultó lo de hacer el amor?”. Responde, feliz, la señora: “Eso fue lo mejor de todo. ¡Acabó tan cansado que ya no me pidió que lo hiciéramos!”…
lunes, 23 de diciembre de 2013
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