ADÁN Y EVA buscaron a Dios y le reclamaron: “Señor, toda tu creación está bien, pero te equivocaste con el paraíso, es muy aburrido. Sácanos de aquí y crea un 'pueblito' para que vivamos en él”. “¿Un 'Pueblito'?” –Preguntó extrañado Dios-. Los vio el Buen Padre con amor –es la única mirada de Dios- y les concedió su deseo.
Años después, bajó al pueblito Dios y vio que Adán y Eva andaban ocupados en el tequio, en el trueque, partiendo su pan para compartirlo con quienes no lo tenían; todos los llamaban “tío”, “tía”; todos se saludaban, todos se conocían, todos se ayudaban.
Lo vieron Adán y Eva y le sugirieron: “Señor, tu pueblito está bien, pero es muy pequeño. Sácanos de aquí y crea una urbe para que vivamos en ella”. “¿Una 'Urbe'?” – Preguntó Dios extrañado. Los vio el Buen Padre con amor y les concedió su deseo.
Tiempo después, bajó Dios a la urbe y vio Dios que a Adán y Eva corrían en la estresante ciudad, preocupados en su trabajo, empeñando o pagando intereses para comprar lo que les alcanzara, pasando hambres sin que nadie se enterara; algunos les llamaban con un sobrenombre; nadie se saludaba, nadie se conocía, nadie se ayudaba.
Lo vieron Adán y Eva y le rogaron: “Señor, nos equivocamos. Regrésanos a nuestro pueblito”. Los vio el Buen Padre, con más amor todavía, y no les concedió su ruego.
- Acrela -
viernes, 20 de diciembre de 2013
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