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Humor, Frases, Poesía, Refranes, Cartones, Historias, Reflexiones y Música

viernes, 20 de junio de 2014

VIERNES DE PUNTACHO

       POR RAZÓN DE SOLEDAD, desatención, desamor  y de descuido, Contomás , en su corazón de niño, fue cultivando gotas de rencor y odio. Aquel caudal hecho secuelas, pronto desembocó en rebeldía, que enfebreció en su efervescente adolescencia y matizó en su juventud ya naufragada.
Un día, Contomás, por lógica obviedad, en la cárcel, amaró su vida en desvarío. Allí, en las crestas oscilantes de esas aguas turbulentas y bravías, en esa marejada rompiente, comenzó el cabrilleo de su carácter y a formarse rizaduras en su ser y arrugas en su alma hasta formarse una gran marea que lo llevó a vestir los ropajes de capitán, conocedor de todos los secretos.
Otro día, graduado ya por aquella borrasca con su oscilar de mortal atropello, y ya en aguas del gran océano que es la vida en libertad, para mostrar su rebeldía, para demostrar su sus aires de superioridad a la sociedad a la cual miraba con rencor y odio, bajó sus pantalones más allá de las buenas costumbres, acción por la cual recibió un maretazo, de malas costumbres, en su intimidad y dignidad: Contomás fue violado.

El último día de su navegar en esta vida y en la cama de un hospital psiquiátrico, Contomás, escuchó de los labios de su compañero de cuarto, una historia que le terminó de ahogar su respiro. Le contó aquel demente, que muchos años atrás, él, nadó la cárcel de un país extranjero. En dichas aguas, había una moda: fajarse los pantalones a medio trasero, era señal de que se estaba disponible para tener sexo con el reo que lo deseara y así pasar desapercibidos por los guardias.
Hasta ese momento postrero de su vida, Contomás entendió los gritos de sus victimarios: “¿Por qué opones resistencia? ¿Por qué te opones?”.

La rebeldía sin causa, la enculturación con falta de razón de causa, nos pueden llevar a enajenar otra cultura, otras tradiciones, otras costumbres que resultarán en vicio por no desplegar las velas de una inculturación en ese contexto perfecto que es la evolución natural del ser humano a través del contacto con otras culturas y terminar por asesinar nuestro ser y violar nuestra dignidad toda.

-Acrela-  

GLOSARIO.

-          ENFEBRECER: Excitar vivamente un sentimiento o pasión. / Causar fiebre.
-          AMARAR: Posarse en el agua.
-          MAREJADA: Movimiento tumultuoso de grandes olas, aunque no haya borrasca. /Exaltación de los ánimos y señal de disgusto, murmuración o censura, manifestada sordamente por varias personas, que suele preceder al verdadero alboroto.
-          CABRILLEAR: Formarse cabrillas en el mar.
-          CABRILLA: Olas pequeñas, blancas y espumosas que se levantan el el mar cuando este empieza a agitarse.
-          RIZADURA: Movimiento del mar formando olas pequeñas por el viento.
-          BORRASCA: Tempestad, tormenta del mar.
-          MARETAZO: golpe de mareta.
-          MARETA: Movimiento de las olas del mar cuando empiezan a levantarse con el viento o a sosegarse después de la borrasca.
-          ENCULTURACION: Proceso por el cual una persona adquiere los usos, creencias, tradiciones, etc., de la sociedad en que vive.

-          INCULTURACION: Proceso de integración de un individuo o de un grupo, en la cultura y en la sociedad con las que entra en contacto.

viernes, 13 de junio de 2014

VIERNES DE PUNTACHO

CRECE MI CIUDAD PEQUEÑA. Va emergiendo una nueva. La de antes se va y con ella, se va yendo su tranquilidad. Se van también,  muchos de sus accidentes que, juntos, hacían su idiosincrasia, su esencia.

Se van muriendo los oficios centenarios. Ya empiezo a dejar de escuchar el martillar de don Delfinito, el zapaterito del barrio, interrumpido sólo por el almuerzo, la comida, la cena y el sueño. Ya no oigo con frecuencia el mazo del herrero Pancho, tampoco el serrucho de don Chuchi el carpintero. El singular y nonagenario  “nieveee, la nieveee”, de don Pedrito, el nevero se ha interrumpido. El “fieeerro viejo que vendaaan” casi ha enmudecido. Los chifres de los afiladores se van apagando. Menos frecuente, cada vez, es el canto del ropavejero y del soldador de tinas. Y ni qué decir del Sereno, el cual ha fenecido.
Ahora, vanguardistas y extraños ruidos  se incorporan y deambulan por las calles, sustituyendo a aquellos himnos artesanos que le daban un aire de frescura a la ciudad.
 
Yo no estoy en contra del desarrollo y del progreso. Pero que la evolución social no sea revolución. Que vengan los  vientos nuevos de la modernidad, pero que con ellos traigan también, aquellas voces de los oficios de antaño, de aquellos orfebres cotidianos de la vida. Porque pareciera que lo artesano de ese tiempo costumbrista, dignificaba la ciudad, dignificaba la vida.

--- Acrela—

GLOSARIO:

-       CHIFRE: Silbato.
-       SERENO: Encargado de rondar de noche para velar por la seguridad del vecindario y dar la hora.
-       DEAMBULAR: Andar, caminar sin dirección determinada.
-       COSTUMBRISTA: Perteneciente o relativo al Costumbrismo:
-       COSTUMBRISMO: En las obras literarias y pictóricas, atención que se presta el retrato de las costumbres típicas de un país o región.




jueves, 12 de junio de 2014

JUEVES DE PLUMA AJENA




HOY, ARMANDO "CATÓN" FUENTES AGUIRRE, EN SU COLUMNA 'PLAZA DE ALMAS' ESCRIBIÓ: 

Tenía 15 años, a lo más. Era un muchacho bueno, simpático y amable. Sus compañeros de la secundaria lo querían, y sus compañeras más. Ella, su maestra, lo quería también. Era su mejor alumno, el que sacaba siempre las más altas calificaciones. Cuando el inspector escolar hacía la visita era él quien le daba la bienvenida a nombre de sus compañeros, y él era el que representaba a la escuela en los concursos de oratoria y declamación. Descollaba igualmente en los deportes, sobre todo en el futbol. No sólo era el delantero del equipo: era también su capitán. De ahí el apodo que tenía: el Capi. Todos lo llamaban así: el Capi. Ella misma, su profesora, debía contenerse para no decirle: “Oye, Capi”, sino: “Oye, Juan Luis”, que era su nombre. Frecuentemente platicaba con él. A veces el Capi -quise decir Juan Luis- la acompañaba a su casa para ayudarle a cargar los exámenes que esa noche revisaría para darles a los estudiantes sus calificaciones el siguiente día. El muchacho compartía con ella sus sueños. Desde luego él no hablaba de sueños, sino de proyectos. Al terminar la secundaria haría la prepa y luego iría a la universidad a estudiar ingeniería. Construiría casas -la primera para sus papás-; haría puentes y carreteras. Ella lo alentaba. Le decía que era su orgullo, y que cifraba en él muchas esperanzas. Seguramente llegaría lejos. Él sonreía y contestaba: “No le voy a fallar, maestra”. Sabía ella que la familia del muchacho era muy pobre, pero él saldría adelante, por su talento y su dedicación. Se propuso ayudarle a conseguir una beca para que pudiera estudiar el bachillerato y luego ir a la profesional. Un día Juan Luis faltó a la escuela. Ella se extrañó, pues no faltaba nunca. Pensó que habría enfermado. Faltó también el día siguiente. La maestra les preguntó a sus compañeros si sabían por qué estaba faltando. Ninguno lo sabía. Ella esperó unos días más y luego fue a la casa del muchacho. Llamó a la puerta de la paupérrima vivienda en que vivía su familia, y salió la madre de Juan Luis. La profesora le preguntó por él. Ella, confusa, balbuceó por lo bajo: “Está bien; está bien”. En eso apareció el esposo. “Métete” -le ordenó a su mujer. Luego le dijo a ella: “Buenas tardes”, y cerró la puerta. El muchacho ya no volvió a la escuela. El curso a su final; los alumnos tuvieron su fiesta de graduación de secundaria, y luciendo toga y birrete, alegres orgullosos, recibieron sus certificados. Fue Lucita -la del segundo lugar- quien dijo las palabras de despedida. Unos días después la profesora hizo el viaje que cada año hacía a la ciudad para ver a sus hermanas. Siempre las visitaba en vacaciones; pasaba un mes con ellas. El viaje era como un premio que se daba a sí misma por la labor de todo el año. Iba en el autobús leyendo un libro cuando de pronto el vehículo frenó con brusquedad. Una camioneta le había cerrado el paso. De ella descendieron cuatro hombres armados. Subieron al autobús. Atrevidos, altaneros, ni siquiera se cubrían el rostro para no ser reconocidos. Esgrimían, amenazadores, sus armas largas. La maestra se estremeció: uno de ellos era Juan Luis. Fue él quien se dirigió a los pasajeros: “Entreguen su dinero, sus celulares, sus anillos, sus tarjetas de crédito, y no les pasará nada”. Él mismo empezó a echar en una bolsa lo que los asustados viajeros le entregaban. Al llegar frente a ella la reconoció. La maestra creyó ver en sus ojos un destello de confusión o de vergüenza. Se volvió él hacia sus compañeros y les dijo: “A ella no le quiten nada”. “Está bien, Capi”. “Juan Luis -atinó apenas a decirle- ¿por qué?”. “Maestra -respondió el muchacho con voz ronca-. Más vale vivir cinco años como rey, y no 50 como güey”. Terminadas las vacaciones volvió la profesora a su trabajo. Un año escolar más; nuevos muchachos y muchachas. Cuando se topaba en la calle con los padres de Juan Luis ellos bajaban la cabeza y fingían no verla. Unos meses después la maestra se encontró con la mamá del muchacho. Vestía ropas de luto. Esta vez la mujer no rehuyó a la profesora. La abrazó y le dijo entre sollozos: “¡Ay, maestra!”. Ella entendió, pero no pudo decirle nada. FIN.




miércoles, 11 de junio de 2014

MIÉRCOLES DE LIBRO

HISTORIA DEL TIEMPO
(Del Big Bang a los Agujeros Negros)
Stephen Hawking

Capítulo 2: ESPACIO Y TIEMPO (Páginas: 33 – 44)

Nuestras ideas actuales acerca del movimiento de los cuerpos se remontan a Galileo y Newton. Antes de ellos se creía en las ideas de Aristóteles, quien decía que el estado natural de un cuerpo era estar en reposo. De ello se deducía que un cuerpo pesado debía caer más rápido que uno ligero, porque sufría una atracción mayor hacia la tierra.
La tradición aristotélica mantenía que las leyes, no eran necesario comprobarlas por medio de la observación.
Galileo demostró que las anteriores ideas de Aristóteles eran falsas dejando caer diferentes pesos. Sus mediciones indicaron que cada cuerpo aumentaba su velocidad al mismo ritmo, independientemente de su peso.
Las mediciones de Galileo sirvieron de base a Newton para la obtención de sus leyes del movimiento.
Además de las leyes del movimiento, Newton descubrió una ley que describía la fuerza de la gravedad, una ley que nos dice que todo cuerpo atrae a todos los demás cuerpos con una fuerza proporcional a la masa de cada uno de ellos.
La ley de la gravedad de Newton nos dice también que cuanto más separados estén los cuerpos menor será la fuerza gravitatoria entre ellos.
La diferencia fundamental entre las ideas de Aristóteles y las de Galileo y Newton estriba en que Aristóteles creía en un estado preferente de reposo, en el que todas las cosas subyacerían. Por el contrario, de las leyes de Newton se desprende que no existe un único estándar de reposo.
La falta de un estándar absoluto de reposo significaba que nos e podía determinar si dos acontecimientos que ocurrieran en tiempos diferentes había tenido lugar en la misma posición espacial. Así pues la no existencia de un reposo absoluto significa que no se puede asociar una posición absoluta en el espacio con un suceso como Aristóteles había creído.
Newton no concordaba con su idea de un Dios absoluto. De hecho rehusó aceptar la no existencia de un espacio absoluto. Fue duramente criticado sobre todo por el obispo Berkely, un filósofo que creía que todos los objetos materiales junto con el espacio y el tiempo, eran una ilusión.
Tanto Aristóteles como Newton creían en el tiempo absoluto. Ambos pensaban que se podía afirmar inequívocamente la posibilidad de medir el intervalo de tiempo entre dos sucesos sin ambigüedad, y que dicho intervalo sería el mismo para todos los que lo midieran, con tal que usaran un buen reloj.
El hecho de que la luz viaja a una velocidad finita muy eleva, fue descubierto en 1676 por el astrónomo danés Ole Christensen Roemer.
Una verdadera teoría de la propagación de la luz no surgió hasta 1865, en que el físico británico James Clerk Maxwell consiguió unificar con éxito las teorías parciales que hasta entonces se había usado para definir las fuerzas de la electricidad y el magnetismo. Podían existir perturbaciones de carácter ondulatorio del campo electromagnético combinado, y que éstas viajaría a velocidad constante como las olas de una balsa. Si tales ondas poseen una longitud de onda (la distancia entre una cresta de onda y la siguiente) de un metro o más, constituyen lo que hoy en día llamamos ondas de radio. Aquellas con longitudes de onda menores se llaman microondas (unos pocos centímetros) o infrarrojas (más de una diezmilésima de centímetro). La luz visible tiene sólo una longitud de onda de entre cuarenta y ochenta millonésimas de centímetro. Las ondas con todavía menores longitudes se conocen como radiación ultravioleta, rayos X y rayos gamma.
En 1867, Albert Michelson y Edwuard Morley  compararon la velocidad de la luz en la dirección de movimiento de la Tierra, con la velocidad de la luz en la dirección perpendicular a dicho movimiento. Para su sorpresa, ¡encontraron que ambas velocidades eran exactamente iguales!
A Einstein se le reconoce como el creador de la nueva teoría, mientras que a Poincaré se le recuerda por haber dado su nombre a una parte importante de la teoría.
El postulado fundamental de la teoría de la relatividad, era que las leyes de la ciencia deberían ser las mismas para todos los observadores en movimiento libre, independientemente de cual fuera su velocidad. Cuanto mayor sea la velocidad de un objeto más difícil será aumenta su velocidad. Cuando la velocidad de un objeto se aproxima a la velocidad de la luz, su masa aumenta cada vez más rápidamente. De hecho no puede alcanzar nunca la velocidad de la luz, porque entonces su masa había llegado a ser infinita, y por la equivalencia entre masa y energía, habría costado una cantidad infinita de energía el poner al objeto ene se estado. Por esta razón, cualquier objeto normal está confinado pro la relatividad a moverse siempre a velocidades menores que la de la luz. Sólo la luz, y oras ondas que no posean masa intrínseca, pueden moverse a la velocidad de la luz.
En la teoría de Newton, el tiempo es un concepto absoluto y el espacio no es un concepto absoluto. La teoría de la relatividad acabó con la idea de un tiempo absoluto.
Hoy en día, podemos medir con más exactitud tiempos que distancias. El metro se define como la distancia recorrida por la luz en 0,000000003335640952 segundos, medidos por un reloj de ceso. La unidad de longitud llamada segundo-luz se define como la distancia que recorre la luz en un segundo. En la teoría de la relatividad, se definen hoy en día las distancias en función de tiempos y de la velocidad de la luz. La teoría de la relatividad nos fuerza, por el contrario, a cambiar nuestros conceptos de espacio y tiempo. El tiempo no está completamente separado e independiente del espacio, sino que por el contrario se combina con él para formar un objeto llamado espacio-tiempo.



lunes, 9 de junio de 2014

LUNES DE CHISTE (Clasificación C)


1- El médico le dijo a la chica de tacón dorado: “Tómese estas cápsulas, y en un par de días estará de nuevo en la cama”…
2- El gran pecador oyó por fin la voz de su conciencia y decidió cambiar de vida. Arrepentido de sus culpas, contrito por la ruin existencia que hasta entonces había llevado, buscó a un sacerdote e hizo ante él la confesión general de sus iniquidades. El confesor le dijo: “Sólo puedo darte la absolución si encuentras un alma caritativa que esté dispuesta a rezar por ti 2 mil rosarios”. El pecador se angustió: a nadie conocía capaz de hacer por él tal sacrificio. En la última banca de la iglesia vio a una mujer que rezaba piadosamente su rosario. El pecador, acostumbrado a arreglarlo todo con dinero, fue hacia ella y le dijo: “¿Le gustaría ganarse 500 pesos?”. “Que sean mil -respondió ella-, y yo pago el cuarto”...
3- Doña Pasita, anciana señora de pueblo, mujer religiosa, humilde, de moral tal que no pronunciaba ni una palabra vana, fue a la capital a visitar a su nieta Candelaria, a quien hacía mucho tiempo no veía. Se sorprendió cuando al llegar vio el edificio donde vivía la muchacha. Era una construcción de lujo situada en el sector de más moda en la ciudad. El portero del edificio -más que portero parecía por su uniforme el comodoro de la flota nacional- frunció el ceño cuando la vio entrar, y más cuando la vejuca le preguntó tímidamente si ahí vivía la señorita Candelaria. “Aquí no vive ninguna señorita Candelaria” -le dijo el comodoro. Ella se atrevió a decir: “Mi nieta vive en el departamento 14”. “En el 14 no vive ninguna Candelaria. Vive la señora Mixtifori”. Así dijo el portero, y dirigiéndose a su ayudante completó sotto voce: “Y amigos que la acompañan”. No alcanzó a oír doña Pasita el comentario del ujier, comentario que regocijó mucho al asistente. “Le diré lo que voy a hacer –dijo el portero-. Llamaré a la señora Mixtifori para informarle que está aquí una viejita que la busca. Ella me dirá si la dejo entrar o no”. Tomó el teléfono, en efecto, y luego de un intercambio de palabras le preguntó a la azorada visitante: “¿Se llama usted Pasita?”. “Para lo que guste usted mandar” -respondió ella. “Puede pasar entonces -concedió el portero haciendo un ademán magnificente-. Pero no entretenga mucho a la señora Mixtifori, pues ésta es la hora en que sale a trabajar”. Se sorprendió doña Pasita al oír aquello, pues eran ya las 11 de la noche. ¿Qué clase de trabajo podía ser aquel que obligaba a su pobrecita nieta a salir de su casa en hora tan inoportuna? Subió con lentitud por la escalera -tenía miedo de los elevadores- y llamó a la puerta del departamento número 14. Le abrió la tal señora Mixtifori. Era su nieta Candelaria, no cabía duda. Apenas pudo reconocerla, sin embargo. Iba vestida en tal manera que por arriba se le veía hasta abajo y por abajo se le veía hasta arriba. Su cabello, antes tan negro -”ala de cuervo” llamaba la gente a ese tono de cabello-, parecía ahora catálogo completo de la conocida marca de pinturas Sherwin-Williams. El profuso maquillaje que llevaba le daba semejanza de muñeca japonesa. Sus pestañas postizas eran tan largas que cada vez que parpadeaba se agitaban violentamente las cortinas de la sala. Gastaba medias rojas, de malla, y calzaba zapatos de tacón aguja atados a los tobillos con cordones. Se cubría los desnudos hombros con una boa de plumas color anaranjado; traía bolsa de chaquira y lentejuelas; mascaba chicle que hacía tronar en cada masticada -chac, chac, chac-, y fumaba un cigarrillo turco en larga boquilla de carey. Doña Pasita quedó como quien ve visiones. Aturdida, pasmada, sorprendida, no acertó a decir palabra. ¿Era aquella la muchachita a quien ella mandaba al catecismo, le contaba cuentos de hadas, y le cantaba canciones de Cri Cri, y a la que le enseñó a pedir las cosas por favor, y a decir ‘Me llamo Candelaria Maraqueta, para servir a Dios y a usted’?”. Candelaria -perdón: la señora Mixtifori- sonrió al ver el desconcierto de la anciana. “¿Qué pasa, abuela? -le preguntó con tono divertido-. ¿Soy o me parezco?”. Doña Pasita al ver la forma de responder tan altanera y burlesca de su nieta le contestó sin vacilar y de forma perentoria: “Pos hija, si no lo eres ¡me cae de madre que lo pareces!”.