jueves, 30 de octubre de 2014
miércoles, 29 de octubre de 2014
MIÉRCOLES DE LIBRO: HISTORIA DEL TIEMPO (Del Big Bang a los Agujeros Negros) Stephen Hawking
Capítulo 6: LOS AGUJEROS NEGROS (Páginas 119 –127)
Estrellas con masas superiores al límite de
Chandrasekhar tiene, por el contrario, un gran problema cuando se les acaba el
combustible. En algunos casos consigue explotar, o se las arreglan para
desprenderse de la suficiente materia como para reducir su peso por debajo del
límite y evitar así un catastrófico colapso gravitatorio; pero es difícil
pensar que esto ocurra siempre, independientemente de lo grande que sea la
estrella. Eddington pensó que era simplemente imposible que una estrella
pudiera colapsarse y convertirse en un punto. Einstein escribió un artículo en
el que sostenía que las estrellas no podrían encogerse hasta tener un tamaño
nulo.
Chandrasekhar había demostrado que el principio
de exclusión no podría detener el colapso de una estrella más masiva que el
límite de Chandrasekhar. Robert Oppenheimer, en 1939, sugería que no habría
consecuencias observables (sobre qué le sucedería a tal estrella) que pudieran
ser detectadas por un telescopio de su época. Después de la segunda guerra
mundial, el problema del colapso gravitatorio fue ampliamente olvidado, ya que
la mayoría de los científicos se vieron atrapados en el estudio de lo que
sucede a escala atómica y nuclear. En los años sesenta, no obstante, el interés
por los problemas de gran escala de la astronomía y la cosmología fue
resucitado a causa del aumento en el número y categoría de las observaciones
astronómicas, ocasionado por la aplicación de la tecnología moderna.
Cuando la estrella se ha reducido hasta un
cierto radio crítico, el campo gravitatorio en la superficie llega a ser tan
intenso, que los conos de luz se inclinan tanto hacia dentro que la luz ya no
puede escapar. De acuerdo con la teoría de la relatividad, nada puede escapar, tampoco lo puede hacer ningún
otro objeto; todo es arrastrado por el campo gravitatorio. Por lo tanto, se
tiene un conjunto de sucesos, una región del espacio-tiempo, desde donde no se
puede escapar y alcanzar a un observador lejano. Esta región es lo que hoy en
día llamamos un agujero negro. Su frontera se denomina el horizonte de sucesos
y coincide con los caminos de los rayos luminosos que están justo a punto de escapar
del agujero negro, pero no lo consigue.
Para entender lo que se vería si uno observara
cómo se colapsa una estrella para formar un agujero negro, hay que recordar que
en la teoría de la relatividad no existe un tiempo absoluto. Cada observador
tiene su propia medida del tiempo. El tiempo para alguien que esté en una
estrella será diferente al de otra persona lejana, debido al campo gravitatorio
de es estrella.
Se cree que existen objetos mayores en el
universo que también pueden sufrir un colapso gravitatorio, y producir agujeros
negros.
El trabajo que Roger Penrose y yo hicimos entre
1965 y 1970 demostró que, de acuerdo con la relatividad general, debe haber una
singularidad de densidad y curvatura del espacio-tiempo infinitas dentro de un
agujero negro. La situación es parecida al big bang al principio del tiempo, sólo
que sería el final, en vez del principio del tiempo, para el cuerpo que se
colapsa. En esta singularidad, tanto las leyes de la ciencia como nuestra
capacidad de predecir el futuro fallarían totalmente. No obstante, cualquier
observador que permanecería fuera del agujero negro no estaría afectado por
este fallo de capacidad de predicción, porque ni la luz ni cualquier otra señal
podrían alcanzarle desde la singularidad. Este hecho notable llevó a Roger
Penrose a proponer la hipótesis de la censura cósmica. En otras palabras, las
singularidades producidas por un colapso gravitatorio sólo ocurren en sitios
como los agujeros negros, en donde están decentemente ocultas por medio de un
horizonte de sucesos, para no ser vistas desde fuera. Estrictamente, esto es lo
que se conoce como la hipótesis débil de la censura cósmica: protege a los
observadores que se quedan fuera del agujero negro de las consecuencias de la
crisis de predicción que ocurre en la singularidad.
La singularidad siempre estaría en su futuro y
nunca en su pasado. La versión fuerte de la hipótesis de la censura cósmica nos
dice que las singularidades siempre estarán, o bien enteramente en el futuro,
como la singularidades de colapsos gravitatorios, o bien enteramente en el
pasado, como el big bang.
Nada puede escapar del agujero negro a través
del horizonte de sucesos. El horizonte de sucesos es el camino en el espacio-tiempo
de la luz que está tratando de escapar del agujero negro, y nada puede
viajar más rápido que la luz.
La relatividad general predice que los objetos
pesados en movimiento producirán la emisión de ondas gravitatorias, rizos en la
curvatura del espacio que viajan a la velocidad de la luz. Dichas ondas son
similares a las ondas luminosas, que son rizos del campo electromagnético, pero
mucho más difíciles de detectar. Al igual que la luz, se llevan consigo energía
de los objetos que las emiten. Un sistema de objetos masivos se estabilizará finalmente
en un estado estacionario, ya que la energía de cualquier movimiento se
perdería en la emisión de ondas gravitatorias. ¡Esto significa que la Tierra
tardará unos mil billones de billones de años en chocar con el Sol!
Durante el colapso gravitatorio de una estrella
para formar un agujero negro, los movimientos serían mucho más rápidos, por lo que
el ritmo de emisión de energía sería mucho mayor. Así pues, no se tardaría
demasiado en llegar a un estado estacionario. Y si los agujeros negros fueran
tan complicados como los objetos que se colapsan para formarlos, podría ser muy
difícil realizar cualquier predicción sobre agujeros negros en general.
martes, 28 de octubre de 2014
lunes, 27 de octubre de 2014
LUNES DE CHISTE (Clasificación A)
1- Uglilia, mujer fea, dejó en su
testamento su cuerpo a la ciencia. Ahora la ciencia está tratando de hacer que
el testamento se declare nulo…
2- En
la cantina un borrachito declaró en voz alta: “Todos los políticos son
ladrones”. Al oír aquello un tipo membrudo y mal encarado se levantó de su
mesa, fue hacia el que había dicho aquello y le habló en tono desafiante:
“Retire sus palabras, señor mío. Me han ofendido”. Inquirió el otro: “Perdone
usted, no sabía que era político”. “No soy político -respondió el hombre-. Soy ladrón”…
3- Un rico estadounidense contrató a un
mexicano para que le cuidara su casa, pues iba a hacer un largo viaje. “Yo
encargarte mucho a mi perro -le dice-. Ser un animal muy inteligente: saber
sumar, restar, multiplicar y dividir, para lo cual dibujar con la pata derecha
los números en la tierra del jardín. Yo darte dinero para su alimento. Tú
comprarle croquetas de las más caras y agua Perrier, pues él no tomar de otra”.
Le dio el míster al mexicano una muy buena cantidad de dólares al mexicano para
la atención del perro, tras de lo cual emprendió el viaje. El paisano, desde
luego, se embolsó los dólares, y le daba al desdichado can las sobras de su
comida. Acostumbraba el tipo comer mucho chile, de modo que cuando el yanqui
regresó a la casa halló al lacerado perro arrastrándose de pompas en la tierra,
por la picazón que sentía en salva sea la parte. “¡Oh my God¡ -clamó el
americano con desesperación-. ¿Qué haberle hecho tú a mi perrito?”. “Nada,
mister -respondió muy tranquilo el mexicano-. Lo que pasa es que estaba
haciendo unas operaciones matemáticas, y yo creo que se equivocó en una, porque
la está borrando”...
jueves, 23 de octubre de 2014
MIÉRCOLES DE LIBRO (HISTORIA DEL TIEMPO / Del Big Bang a los Agujeros Negros / Stephen Hawking)
Capítulo 6: LOS AGUJEROS NEGROS (Páginas 115 –119 )
El término agujero negro tiene un origen muy
reciente. Fue acuñado en 1969 por el científico norteamericano John Wheeler.
Debido a la dualidad onda/corpúsculo de la mecánica cuántica, la luz puede ser
considerada como una onda y como una partícula. El descubrimiento de Roemer de
que la luz viaja a una velocidad finita, significó el que la gravedad pudiera
tener un efecto importante sobre la luz. John Michell, en 1783 señalaba que una
estrella que fuera suficientemente masiva y compacta tendría un campo gravitatorio
tan intenso que la luz no podría escapar: la luz emitida desde la superficie de
la estrella sería arrastrada de vuelta hacia el centro por la atracción
gravitatoria de la estrella, antes de que pudiera llegar muy lejos. Michel
sugirió que podría haber un gran número de estrellas de este tipo. A pesar de
que no seríamos capaces de verlas porque su luz no nos alcanzaría, sí
notaríamos su atracción gravitatoria. Estos objetos son los que hoy en día
llamamos agujeros negros, ya que esto es precisamente lo que son: huecos negros
en el espacio.
La velocidad de la luz es fija. No apareció una
teoría consistente de cómo la gravedad afecta a la luz hasta que Einstein
propuso la relatividad general, en 1915.
Para entender cómo se podría formar un agujero
negro, tenemos que tener ciertos conocimientos acerca del ciclo vital de una
estrella. Una estrella se forma cuando una gran cantidad de gas, principalmente
hidrógeno, comienza a colapsar sobre sí mismo debido a su atracción
gravitatoria. Conforme se contrae, sus átomos empiezan a colisionar entre sí,
cada vez con mayor frecuencia y a mayores velocidades: el gas se calienta. Con
el tiempo, el gas estará tan caliente que cuando los átomos de hidrógeno
choquen ya no saldrán rebotados, sino que se fundirán formando helio. El calor
desprendido por la reacción que es como una explosión controlada de una bomba
de hidrógeno, hace que la estrella brille. Este calor adicional también aumenta
la presión del gas hasta que ésta es suficiente para equilibrar la atracción
gravitatoria, y el gas deja de contraerse. Las estrellas permanecerán estables
en esta forma por un largo período, con el calor de las reacciones nucleares
equilibrando la atracción gravitatoria. Finalmente, sin embargo, la estrella
consumirá todo su hidrógeno y los otros combustibles nucleares.
Paradójicamente, cuanto más combustible posee una estrella al principio, más
pronto se le acaba. Esto se debe a que cuanto más masiva es la estrella, más
caliente tiene que estar para contrarrestar la atracción gravitatoria, y, cuanto
más caliente está, más rápidamente utiliza su combustible. Nuestro sol tiene
probablemente suficiente combustible para otros cinco mil millones de años
aproximadamente, pero estrellas más masivas pueden gastar todo su combustible
en tan sólo cien millones de años, mucho menos que la edad del universo. Cuando
una estrella se queda sin combustible, empieza a enfriarse y por lo tanto a
contraerse. Lo que puede sucederle a partir de ese momento sólo se empezó a
entender al final de los años veinte.
En 1928, Subrahmanyan Chandrasekhar calculó lo
grande que podría llegar a ser una estrella que fuera capaz de soportar su
propia gravedad, una vez que hubiera gastado todo su combustible. La idea era
la siguiente: cuando la estrella se reduce en tamaño, las partículas materiales
están muy cerca unas de otras, y así, de acuerdo con el principio de exclusión
de Pauli, tienen que tener velocidades muy diferentes. Esto hace que se alejen unas
de otras, lo que tiende a expandir a la estrella. Una estrella puede, por lo
tanto mantenerse con un radio constante, debido a un equilibrio entre la atracción
de la gravedad y la repulsión que surge del principio de exclusión, de la misma
manera que antes la gravedad era compensada por el calor.
Cuando la estrella fuera suficientemente densa,
la repulsión debida al principio de exclusión sería menor que la atracción de
la gravedad. Chandrasekhar calculó que una estrella fría de más de
aproximadamente una vez y media la masa del Sol no sería capaz de soportar su propia
gravedad.
Si una estrella posee una masa menor que el
límite de Chandrasekhar, puede finalmente cesar de contraerse y estabilizarse
en un posible estado final, como una estrella “enana blanca”, con un radio de
unos pocos miles de kilómetros y una densidad de decenas de toneladas por
centímetro cúbico. Una enana blanca se sostiene pro la repulsión.
Landau señaló que existía otro posible estado
final para una estrella, también con una masa límite de una o dos veces la masa
del sol, pero mucho más pequeña incluso que una enana blanca. Estas estrellas
se mantendrían gracias a la repulsión debida al principio de exclusión entre
neutrones y portones, en vez de entre electrones. Se les llamó por eso
estrellas de neutrones. Tendrían un radio de unos quince kilómetros
aproximadamente y una densidad de decenas de millones de toneladas por
centímetro cúbico.
martes, 21 de octubre de 2014
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