1 “Cantando la cigarra pasó el verano entero…”.
La hormiga, en cambio,
trabajó todo el año, y vio sus graneros colmados de alimento. Cuando llegó el
invierno la cigarra estaba tan feliz que sobrellevó con alegría los rigores del
hambre y el frío.
La hormiga, en cambio,
quedó tan quebrantada por las fatigas del mucho trabajar que ni siquiera pudo
gozar de su riqueza.
Esto que digo no
significa que debamos todos ser como la cigarra.
Tampoco propongo que
seamos como la hormiga.
Ambos extremos son
malos, como todos los extremos.
Ni cigarra ni hormiga. Lo
mejor es ser una mezcla de las dos. Seamos horgarras, o cigmigas.
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