1- Sor Bette, religiosa ya viejita, era
muy terca y le gustaba hacer siempre su santa voluntad. Los martes, acudía el
Señor Obispo para rezar el rosario junto con las monjitas. Ese martes de
cuaresma dicho rezo se hacía de rodillas. Sor Bette permaneció de pie.
"Hínquese, madre'' -le dijo por lo bajo una de las hermanas-. Ella siguió
de pie. "Madre, hínquese'' –replicó ahora con énfasis mayor la Madre
Superiora-. Sor Bette no se movió. "¡Hincada, madre!'' –le dijo con alta
voz desde el altar el Señor Obispo. Y replicó Sor Bette, empecinada: "Ah
no Monseñor! Así con palabrotas menos me hinco"...
2- Una monjita llegó a la dulcería y le
contó a la encargada: "Hace unos días mi prima me regaló 500 gramos de
chocolates que compró aquí. Tenían adentro una agüita muy sabrosa''. "Ah,
sí -respondió con una sonrisa la dependienta-. Son chocolates con relleno de
brandy''. "Pues me gustaron mucho'' –declaró la reverenda. "¿Quiere otro medio kilo?'' –le preguntó
la empleada. "No, -respondió, terminante, la monjita-. Quiero unos 5
litros de relleno''...
3- Un nuevo rico se compró un caballo de
carreras. Desconocedor por completo de ese giro adquirió el que le vendieron
unos vivales que se aprovecharon de su mucho dinero y de su poco saber para
venderle un caballejo de lo peor. En su primera carrera el Matalote llegó al
último. El ricacho le preguntó, furioso, al jockey: “¿No podías correr más
aprisa?”. “Claro que podía, señor –respondió el jinete-. Pero si me hubiera
bajado del caballo me habrían descalificado”…
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