Fidelio Montes Sinaì, hombre
de religiosidad recalcitrante, quien estaba convencido de que sólo se deberían
cumplir las leyes divinas; y Amador
Tenorio, hombre impío recalcitrante, quien estaba convencido de que sólo se
deberían cumplir las leyes humanas, hicieron amistad desde edad infante. En su edad adulta volvieron a
encontrarse. El primero, le propuso ir a tomar un café una tarde cualquiera
para platicar todas sus vivencias, -“Una chela -dijo el segundo- para contarte
mis cuitas. Pero vamos ahora” “No –respondió al punto el primero- tengo
obligaciones que cumplir en casa”.
En un momento de la tarde
acordada, dice Amador: “Estoy casado con una excelente cocinera y la mejor
amante del mundo” “Te felicito- le
respondió Fidelio- Hoy en día es un lujo tener una esposa con ambas cualidades
en casa” Con sonora carcajada le contestó su amigo: “No seas ingenuo, estoy
casado con dos mujeres”. Fidelio, antes
de darle un sorbo a su café, le dice con
acento indigno y admonitorio: “¡Pero Amador! la bigamia es un delito ¿no? -Bebe
su trago y prosigue con orgullo-. “Yo, sólo he estado casado con una sola mujer
a la cual he sido fiel toda la vida. Ella me basta. Mi mujer, cocina, plancha,
lava, cose, remienda, trapea, barre, me atiende, atiende a mis hijos y también
me ama”.
Amador Tenorio levanta su
cerveza y antes de darle un sorbo le dice con acento indigno y admonitorio:
“¡Pero Fidelio! la esclavitud es un pecado ¿no?”.
- Acrela -
0 comentarios:
Publicar un comentario