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viernes, 28 de marzo de 2014

       Fidelio Montes Sinaì, hombre de religiosidad recalcitrante, quien estaba convencido de que sólo se deberían cumplir las leyes divinas;  y Amador Tenorio, hombre impío recalcitrante, quien estaba convencido de que sólo se deberían cumplir las leyes humanas, hicieron amistad desde  edad infante. En su edad adulta volvieron a encontrarse. El primero, le propuso ir a tomar un café una tarde cualquiera para platicar todas sus vivencias, -“Una chela -dijo el segundo- para contarte mis cuitas. Pero vamos ahora” “No –respondió al punto el primero- tengo obligaciones que cumplir en casa”.

En un momento de la tarde acordada, dice Amador: “Estoy casado con una excelente cocinera y la mejor amante del mundo”  “Te felicito- le respondió Fidelio- Hoy en día es un lujo tener una esposa con ambas cualidades en casa” Con sonora carcajada le contestó su amigo: “No seas ingenuo, estoy casado con dos mujeres”.  Fidelio, antes de darle un sorbo a su café,  le dice con acento indigno y admonitorio: “¡Pero Amador! la bigamia es un delito ¿no? -Bebe su trago y prosigue con orgullo-. “Yo, sólo he estado casado con una sola mujer a la cual he sido fiel toda la vida. Ella me basta. Mi mujer, cocina, plancha, lava, cose, remienda, trapea, barre, me atiende, atiende a mis hijos y también me ama”.


Amador Tenorio levanta su cerveza y antes de darle un sorbo le dice con acento indigno y admonitorio: “¡Pero Fidelio! la esclavitud es un pecado ¿no?”.

- Acrela -

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