1- Himenia Camafría,
madura señorita soltera, se hallaba, en una calurosa tarde de verano, recostada
en su sala. De repente, entra por una ventana un ladrón joven, apuesto y
membrudo. Lo vio la señorita Himenia y le dijo con voz firme: “¡Le doy
exactamente 48 horas para que salga de aquí!”…
2- Acnerito, chico
adolescente, le preguntó a su papá: “¿Qué es una mujer tetona?”. El señor se
turbó un poco y acertó a responder: “En Francia hay una ciudad llamada Teton.
Se llama ‘tetona’ a la mujer nacida ahí”. El muchacho no se dio por satisfecho
con la respuesta. Su papá quiso saber: “¿De dónde sacaste esa pregunta?”.
“Olvídate de la pregunta -le dice el adolescente-. Mejor dime: ¿De dónde sacaste esa respuesta?”.
3- Doña Clitemnestra
jugaba todas las tardes a las cartas con sus amigas. Un día el juego se prolongó
más que de costumbre, y cuando Clitemnestra vio el reloj se asustó mucho.
“Tengo que irme -les dijo doña Clitemnestra a sus amigas-. Mi marido llega a
las 8 de la noche y no le he preparado la cena”. En su casa la señora se dio
cuenta de que no había nada en el refrigerador, aparte de un tomate y unas
hojas de lechuga. He ahí las funestas consecuencias del juego. En eso oyó el
automóvil de su esposo, que llegaba. Lo
único que la mujer tenía a la mano era una bolsa de croquetas para perro. Puso
una porción en el plato, con el tomate rebanado y la lechuga. El hombre cenó
muy a su sabor. “¡Qué rica ensalada! -comentó al terminar-. Deberías dármela
todas las noches”. Obediente, la señora le preparaba todas las noches la tal
ensalada, que el esposo comía con fruición sin saber que estaba comiendo
croquetas para perro. Cuando doña Clitemnestra les contó aquello a sus amigas
todas se escandalizaron. “¡Qué locura! -le dijeron-. ¡Vas a matar a tu
marido!”. “A él le gusta eso -adujo la mujer-, y yo me ahorro el trabajo de
hacerle de cenar”. Pasaron varios meses, y un buen día las amigas se enteraron
de que el esposo de doña Clitemnestra había pasado a mejor vida. Se
entristecieron mucho: seguramente esa tarde no habría jugada. Fueron a darle el
pésame. Le dijeron: “Te advertimos que esa dieta de croquetas para perro
acabaría por enviar a tu marido al otro mundo”. Replicó doña Clitemnestra: “No
fueron las croquetas. Se rompió el cuello cuando se agachó para lamerse la
entrepierna”.

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