Los que estudian las causas últimas de todas las cosas
a la sola luz de la razón, los filósofos pues, a lo largo de la historia, han
pasado por la inexorable evolución incrustada en el mismo ADN del ser humano.
Por eso han dicho cosas, ala sola luz de la razón, sin razón.
Clasifican a los seres en animados: los que tienen
ánima, alma, espíritu, vida, pues; e inanimados: los que no tienen vida. Dentro
de los animados se encuentran los que poseen alma vegetativa: las plantas (pues nacen, crecen, se reproducen y mueren); los de alma
sensitiva: los animales, que, además, sienten; y los de alma racional; que,
además, piensan. Muy pocos, conceden a las plantas y a los animales las
categorías del ser humano.
Los antepasados creían en la vida más allá de la
muerte, por eso enterraban con el finado, no sólo elementos materiales, sino
que sepultaban también a su perro y en muchos casos, hasta su servidumbre, pues
le acompañarían ayudarían en su camino a la otra vida.
Vero, era una hermosa niña en capullo. Ella también era –es- mi hermana.
Una mañana, de regreso de la escuela, ella recogió de la calle a un gato recién
nacido, no lo adoptó como mascota, sino fue su compañera. Enfermó Vero de
gravedad y no se volvieron a ver “jamás” pues tuvo que irse a la ciudad grande
donde, después de convalecer por tres meses, finalmente murió. Una tarde, su
compañero, tras la puerta cerrada, contorsionó y maulló de dolor, cuando el
cuerpo de ella, por la calle, pasaba delante de la casa en su cortejo fúnebre.
Tres días después, el gato, también partió ese último viaje.
Aquélla planta de jitomate, que con gran amor cuidaba en el traspatio, también
se secó, esa misma semana y sin razón –con razón- de la noche a la mañana, con
todo y racimo de sus frutos rojos.
De estas historias, las ha habido, las hay y las
seguirá habiendo. el jitomate y el gato, que no son filósofos, me dicen, y con
razón y ejemplo, que no actúan por un código o por un instinto, sino por su
espíritu y que ese espíritu los movieron a darle alcance para seguir juntos la
otra vida: la vida eterna.
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Acrela -

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