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viernes, 14 de noviembre de 2014

VIERNES DE PUNTACHO

Los que estudian las causas últimas de todas las cosas a la sola luz de la razón, los filósofos pues, a lo largo de la historia, han pasado por la inexorable evolución incrustada en el mismo ADN del ser humano. Por eso han dicho cosas, ala sola luz de la razón, sin razón.
Clasifican a los seres en animados: los que tienen ánima, alma, espíritu, vida, pues; e inanimados: los que no tienen vida. Dentro de los animados se encuentran los que poseen alma vegetativa: las plantas (pues nacen, crecen, se reproducen y mueren); los de alma sensitiva: los animales, que, además, sienten; y los de alma racional; que, además, piensan. Muy pocos, conceden a las plantas y a los animales las categorías del ser humano.
Los antepasados creían en la vida más allá de la muerte, por eso enterraban con el finado, no sólo elementos materiales, sino que sepultaban también a su perro y en muchos casos, hasta su servidumbre, pues le acompañarían ayudarían en su camino a la otra vida.
Vero, era una hermosa niña en capullo. Ella también era –es- mi hermana. Una mañana, de regreso de la escuela, ella recogió de la calle a un gato recién nacido, no lo adoptó como mascota, sino fue su compañera. Enfermó Vero de gravedad y no se volvieron a ver “jamás” pues tuvo que irse a la ciudad grande donde, después de convalecer por tres meses, finalmente murió. Una tarde, su compañero, tras la puerta cerrada, contorsionó y maulló de dolor, cuando el cuerpo de ella, por la calle, pasaba delante de la casa en su cortejo fúnebre. Tres días después, el gato, también partió ese último viaje. 
Aquélla planta de jitomate, que con gran amor cuidaba en el traspatio, también se secó, esa misma semana y sin razón –con razón- de la noche a la mañana, con todo y racimo de sus frutos rojos.

De estas historias, las ha habido, las hay y las seguirá habiendo. el jitomate y el gato, que no son filósofos, me dicen, y con razón y ejemplo, que no actúan por un código o por un instinto, sino por su espíritu y que ese espíritu los movieron a darle alcance para seguir juntos la otra vida: la vida eterna.
- Acrela -


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