1- Doña Frigidia y don Colguerio vivían en constante pleito por obvias razones. En el curso de una de sus incontables riñas él le dijo a ella: “Cuando te mueras pondré estas palabras en tu lápida: ‘Aquí yace mi mujer, fría como siempre’”. Respondió ella: “Y cuando tú te mueras yo pondré está inscripción en tu tumba: ‘Aquí yace mi marido, tieso al fin’”. (No le entendí).
2. “What a cunt!”. Así exclamó, con arrebato erótico, el guardabosque Wellh Ung en el momento en que le hacía el amor a lady Loosebloomers. Ella se molestó bastante al escuchar esa vulgar expresión interjectiva, equivalente a la frase castellana “¡Qué culazo!”, aún más del vulgacho, por el aumentativo. Detuvo milady los bien acordados meneos que solía emplear cuando llevaba a cabo el antiguo in and out -meneos valseaditos, en compás de 3 por 4-, y le dijo, severa, al mozallón: “Cuide sus palabras, jovencito. Adulterio sí; ordinarieces no”.
3. Libidiano Pitonier, hombre dado a lúbricas voluptuosidades, se estaba refocilando en el lecho del pecado con la esposa de su mejor amigo. Arrebatada por la pasión ignívoma ella le pidió vehementemente: “¡Bésame, papacito! ¡Bésame!”. “No haré tal cosa -respondió muy digno el follador-. Ya de por sí me siento bastante mal estar follando”...

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