1- Don Chinguetas, esposo de doña
Macalota, hacía corajes a diario a causa de la manía de su esposa por la goma
de mascar, motivo por el cual don Chinguetas la tildaba de “corriente”. Un día,
la señora Macalota, a causa de haberse tragado tantos “gums”, como ella les
llamaba, sufrió una grave intervención quirúrgica, y durante varios días tuvo
que ser alimentada por vía rectal. Cierta mañana su marido fue a visitarla, y
se sorprendió al verla moverse en la cama con singulares ondulaciones de
cadera, cual si estuviera bailando zumba, mambo, salsa, lambada, hip-hop, soca,
merengue, samba o chachachá. Le preguntó asombrado: “¿Qué haces, mujer,
moviéndote en tal forma?”. Respondió ella sin dejar de menear el caderamen:
“Estoy mascando chicle”.
2- Rosibel, pizpireta secretaria,
conoció a la esposa de su jefe, don Algón. “Señora -le dijo-, debe usted
batallar mucho con su marido, tan olvidadizo”. “¿Olvidadizo? -se extrañó
ella-. “Sí -confirmó Rosibel-. En la oficina todas las secretarias
tenemos que estarle recordando constantemente que es un hombre casado”...
3- Un astroso vagabundo se acercó a don Algón y le
pidió un poco de dinero. “Si te lo doy –opuso el ejecutivo- te lo gastarás en
vino, en mujeres o en el juego”. “Señor –respondió el pedigüeño con lamentoso
acento-, no bebo, no juego ni ando con mujeres”. “Si es así –le indicó don
Algón-, entonces ven conmigo a mi casa. Quiero que mi mujer vea en lo que acaba
un hombre que ni bebe, ni juega ni anda con mujeres”…

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