HISTORIA DEL TIEMPO
(Del Big Bang a los Agujeros Negros)
Stephen Hawking
Capítulo 4: EL PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE
Laplace argumentó, a principios del siglo XIX,
que el universo era completamente determinista. Sugirió que debía existir un
conjunto de leyes científicas que nos permitirían predecir todo lo que
sucediera en el universo. Supuso que había leyes similares gobernando todos los
fenómenos, incluido el comportamiento humano.
La doctrina del determinismo científico fue
ampliamente criticada por diversos sectores, que pensaban que infringía la
libertad divina de intervenir en el mundo, pero a pesar de ello, constituyó el
paradigma de la ciencia hasta los primeros años de nuestro siglo.
En 1926, otro científico alemán, Werner
Heisenberg, formuló su famoso principio de incertidumbre. Para poder predecir
la posición y la velocidad futuras de una partícula, hay que ser capaz de medir
con precisión su posición y velocidad actuales.
Cuanto con mayor precisión se trate de medir la
posición de la partícula, con menor exactitud se podrá medir su velocidad, y
viceversa. Heisenberg demostró que la incertidumbre en la posición de la
partícula, multiplicada por la incertidumbre en su velocidad y por la masa de
la partícula, nunca puede ser más pequeña que una cierta cantidad, que se conoce
como constante de Planck. El principio de incertidumbre de Heisenberg es una
propiedad fundamental, ineludible, del mundo.
El principio de incertidumbre tiene profundas
implicaciones sobre el modo que tenemos de ver el mundo. Marcó el final del
sueño de Laplace de una teoría de la ciencia, un modelo del universo que sería
totalmente determinista: ciertamente, ¡no se pueden predecir los
acontecimientos futuros con exactitud si ni siquiera se puede medir el estado
presente del universo de forma precisa! Aún podríamos suponer que existe un
conjunto de leyes que determina completamente los acontecimientos para algún
ser sobrenatural, que podría observar el estado presente del universo sin perturbarlo.
En 1920, Heisenberg, Erwin Schrödinger y Paul
Dirac reformularon la mecánica con una nueva teoría llamada mecánica cuántica,
basada en el principio de incertidumbre. En esta teoría las partículas ya no
poseen posiciones y velocidades definidas por separado, pues éstas no podrían
ser observadas. En vez de ello, las partículas tienen un estado cuántico, que
es una combinación de posición y velocidad.
En general, la mecánica cuántica no predice un
único resultado de cada observación. Predice un cierto número de resultados
posibles y nos da las probabilidades de cada uno de ellos. La mecánica cuántica
introduce un elemento inevitable de incapacidad de predicción, una aleatoriedad
en la ciencia. Einstein se opuso fuertemente a ello, nunca aceptó que el
universo estuviera gobernado por el azar: “Dios no juega a los dados”. En la
mecánica cuántica se basan casi toda la ciencia y la tecnología modernas.
Gobierna el comportamiento de los transistores y de los circuitos integrados,
que son los componentes esenciales de los aparatos electrónicos, tales como
televisores y ordenadores, y también es la base de la química y de la biología
modernas. Las únicas pareas de las ciencias físicas en las que la mecánica
cuántica aún no ha sido adecuadamente incorporada son las de la gravedad y la
estructura a gran escala del universo.
Aunque la luz está formada por ondas, la hipótesis
de los cuantos de Planck nos dice que en algunos aspectos se comporta como si
estuviera compuesta por partículas: sólo puede ser emitida o absorbida en
paquetes o cuantos. El principio de incertidumbre de Heisenberg implica que las
partículas se comportan en algunos aspectos como ondas: no tienen una posición
bien definida, sino que están “esparcidas” con un acierta distribución de
probabilidad. La teoría de la mecánica cuántica ya no describe al mundo real en
términos de partículas y ondas; sólo las observaciones del mundo pueden ser
descritas en esos términos. Existe así, por tanto, una dualidad entre ondas y partículas
en la mecánica cuántica: para algunos fines es útil pensar en las partículas como
ondas, mientras que para otros es mejor pensar e las ondas como partículas. Una
consecuencia importante de lo anterior, es que se puede observar el fenómeno
llamado de interferencia entre dos conjuntos de ondas o de partículas.
La interferencia también puede producirse con
partículas, debido a la dualidad introducida pro la mecánica cuántica.
El fenómeno de la interferencia entre
partículas ha sido crucial para la comprensión de la estructura de los átomos,
las unidades básicas de la química y de la biología, y los ladrillos a partir
de los cuales nosotros, y todas las cosas
a nuestro alrededor, estamos formados. Al principio de este siglo se
creyó que los átomos eran bastante parecidos a los planetas girando alrededor
del Sol, con los electrones girando alrededor del núcleo central, que posee electricidad
positiva y la negativa mantendría alos electrones en su órbitas, de la misma
manera que la atracción gravitatoria entre el Sol y los planetas mantiene a
éstos en sus órbitas. Esto implicaría que el átomo, y en realidad toda la materia,
debería colapsarse rápidamente a un estado de muy alta densidad. Una solución
parcial a este problema la encontró el científico danés Niels Bohr en 1913.
Sugirió que quizás los electrones no eran capaces de girar a cualquier
distancia del núcleo central, sino sólo a ciertas distancias específicas. Si también se supusiera que sólo uno o dos electrones
podrían orbitar a cada una de estas distancias, se resolvería el problema del
colapso del átomo.
Este modelo explicó bastante bien la estructura
del átomo más simple, el hidrógeno, que sólo tiene un electrón girando alrededor
del núcleo. Pero no estaba claro cómo se debería extender al teoría a átomos
más complicados. La teoría de la mecánica cuántica resolvió esta dificultad.
Reveló que un electrón girando alrededor del núcleo podría imaginarse como una
onda, con una longitud de onda que dependía de su velocidad. Existirían ciertas
órbitas cuya longitud correspondería a un número entero (es decir, un número no
fraccionario) de longitudes de onda del electrón.
Un modo interesante de visualizar la dualidad
onda-partícula es a través del método conocido como suma sobre historias
posibles, inventado por el científico norteamericanos Richard Feynman. En esta
aproximación, la partícula se supone que no sigue una única historia o camino
en el espacio-tiempo.
Con estas ideas, fue relativamente sencillo
calcular las órbitas permitidas de átomos complejos e incluso de moléculas, que
son conjuntos de átomos unidos por electrones, en órbitas que giran alrededor
de más de un núcleo. Ya que la estructura de las moléculas, junto con las
reacciones entre ellas, son el fundamento de toda la química y la biología, la
mecánica cuántica nos permite, en principio, predecir casi todos los fenómenos
a nuestro alrededor, dentro de los límites impuestos por el principio de
incertidumbre. (En la práctica, sin embargo, los cálculos que se requieren para
sistemas que contengas a más de unos pocos electrones son tan complicados que no
pueden realizarse).
La teoría de la relatividad general de Einstein
parece gobernar la estructura a gran escala del universo. Es lo que se llama
una teoría clásica, es decir, no tiene en cuenta el principio de incertidumbre
de la mecánica cuántica, como debería hacer para ser consistente con otras
teorías. La razón por la que esto no conduce a ninguna discrepancia con la
observación es que todos los campos gravitatorios, que normalmente experimentamos,
son muy débiles. Sin embargo, los teoremas sobre las singularidades, discutidos
anteriormente, indican que el campo gravitatorio deberá ser muy intenso en,
como mínimo, dos situaciones: los agujeros negros y el big bang. En campos así
de intensos, los efectos de la mecánica cuántica tendrán que ser importantes.
Así, en cierto sentido, la relatividad general clásica, al predecir puntos de
densidad infinita, predice su propia caía, igual que la mecánica clásica (es
decir, no cuántica) predijo su caída, al sugerir que los átomos deberían
colapsarse hasta alcanzar una densidad infinita. Aún no tenemos una teoría
consistente completa que unifique la relatividad general y la mecánica cuántica,
pero sí que conocemos algunas de las características que debe poseer. Por el
momento, sin embargo, volvamos a los intentos recientes de ensamblar las teorías
parciales de las otras fuerzas de la naturaleza en una única teoría cuántica
unificada.

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