Lo singular de la amistad de aquellas dos amigas, ya desde su nacer, era el increíble común en su ser y en su hacer. Eran como vidas paralelas, vidas repetidas, copias de vida. Este símil, fue el origen y a la postre, el eslabón que las unía. Eran como dos gotas de agua, dos gotas, en potencia, de vida.
20 años de no verse, las encontró el tiempo, y en un café se contaron sus vidas. Tema, que no podía ser soslayado, fue el modo del verbo amar que habían conjugado en el tiempo de la vida. Las dos vivieron, para no salirse del guion, experiencias exactamente iguales. Las dos, recibieron de su respectivo amor: la alegría que rejuvenece y la tristeza que envejece, la sonrisa que es miel pura y el llanto que es amargura, la rosa ilusión y la desilusión oscura, la caricia que es ternura, y el golpe que perdura, el castigo en cintura y el regalo que lo cura, el embriago del amor y la resaca del desamor. Y como consecuencia lógica, la infidelidad que aniquila.
“¿Por qué sigues con él? –Preguntó, confusa, Digna a Abnegacia- “Es cierto que vivo en cotidiana tortura, pero, yo, lo amo” –Contestó ésta, con llanto. Y con lógico impulso preguntó ahora la que lloraba- “Y tú, ¿por qué no sigues con él? ¿Por qué vives sola?” “No vivo sola, vivo conmigo” – contesto al punto Digna, para luego asestar con una sonrisa: “Yo lo amaba, pero más, yo, me amo”.
Cierto es que las dos amigas siguen siendo amigas y siguen siendo dos gotas, pero cierto es también que, al cabo del tiempo de una, la una es gota de vida; y al cabo de su vida, de la otra, la otra es gota de muerte.
- Acrela -
20 años de no verse, las encontró el tiempo, y en un café se contaron sus vidas. Tema, que no podía ser soslayado, fue el modo del verbo amar que habían conjugado en el tiempo de la vida. Las dos vivieron, para no salirse del guion, experiencias exactamente iguales. Las dos, recibieron de su respectivo amor: la alegría que rejuvenece y la tristeza que envejece, la sonrisa que es miel pura y el llanto que es amargura, la rosa ilusión y la desilusión oscura, la caricia que es ternura, y el golpe que perdura, el castigo en cintura y el regalo que lo cura, el embriago del amor y la resaca del desamor. Y como consecuencia lógica, la infidelidad que aniquila.
“¿Por qué sigues con él? –Preguntó, confusa, Digna a Abnegacia- “Es cierto que vivo en cotidiana tortura, pero, yo, lo amo” –Contestó ésta, con llanto. Y con lógico impulso preguntó ahora la que lloraba- “Y tú, ¿por qué no sigues con él? ¿Por qué vives sola?” “No vivo sola, vivo conmigo” – contesto al punto Digna, para luego asestar con una sonrisa: “Yo lo amaba, pero más, yo, me amo”.
Cierto es que las dos amigas siguen siendo amigas y siguen siendo dos gotas, pero cierto es también que, al cabo del tiempo de una, la una es gota de vida; y al cabo de su vida, de la otra, la otra es gota de muerte.
- Acrela -

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