1. En cierto pequeño pueblo había un matrimonio de comerciantes. Él tenía
su tienda; ella la suya. Un día el señor llegó a su casa muy contento y le dijo
a su esposa: “¡Vendí tres colchones y una docena de calzones de mujer, y me
gané 500 pesos!”. “Bah -, contestó ella, desdeñosa-. Yo con un solo colchón y
sin calzones acabo de ganarme mil”.
2. Le preguntó la Señorita Peripalda, encargada
del catecismo a Susiflor, quien era catequista: “¿Cuál es la diferencia
entre ‘coger’ y ‘asir’?”. “No sé –contestó Rosibel-. Nunca me han asido”…
1 3. Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena
sociedad, visitó un hospital y lo recorrió en compañía del director. Al pasar
por un cuarto con la puerta abierta vio a un paciente que se estaba
complaciendo a sí mismo. “¡Santo Cielo! -exclamó turbada-. ¿Qué significa esto?”. “Perdone usted -se disculpó el director del hospital-. Ese paciente
sufre una extraña enfermedad. Su cuerpo produce una cantidad desmedida de
esperma, y si no se alivia a sí mismo en forma constante eso le puede acarrear
funestas consecuencias”. Ya calmada con esa explicación doña Panoplia continuó
el recorrido. De pronto vio a otro paciente que en su cama estaba haciendo el
amor desaforadamente con una voluptuosa mujer de exuberantes formas. “¡Santo
Cielo! –volvió a exclamar la dama, cuyo catálogo de jaculatorias era bastante
limitado-. ¿Y esto?”. Contesta el director, lacónico: “Misma enfermedad. Mejor
seguro”…

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