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Humor, Frases, Poesía, Refranes, Cartones, Historias, Reflexiones y Música

lunes, 22 de septiembre de 2014

LUNES DE CHISTE (Clasificación B)

1.    En juicio público le dijo el juez al reo: “Se le acusa de haber golpeado a su esposa con un martillo”. Desde atrás gritó un tipo hecho una furia: “¡Desgraciado! ¡Canalla! ¡Maldito!”.El juez lo reprendió, severo. Le dijo: “Entiendo, señor, su justo enojo ante una acción tan vil como ésta. Sin embargo le pido que contenga sus expresiones, o me veré en la precisión de ordenarle que salga de la sala”. “Perdone su señoría –se disculpó el sujeto-, pero toda la vida he sido vecino de este grandísimo cabrón, y el güey, cada vez que le pedía prestado un martillo me contestaba que no tenía”… ¡Maldito!...
22.    La abuelita de Pepito lo exhortaba constantemente a evitar pensamientos cochambrosos e impuros. Un día la abuelita escuchó al niño que le decía a un amiguito: “Antes de irme a la cama por las noches me hago la porla’’. La viejecita se espantó y de inmediato fue con la mamá de Pepito. “Creo que deberías hablar con el niño -le dijo muy preocupada-. Está haciendo en la cama cosas indebidas”. La señora llamó a Pepito y le preguntó qué era aquello que hacía en la cama. “Me hago la porla’’ -respondió el chiquillo con orgullo. “¿Ah, sí, hijito? -dijo la señora tratando de contener su inquietud-. Y ¿cómo te haces la porla?’’. Explicó el niño: “Pongo los deditos así y luego digo: ‘Por la señal...’’’...

33.    Don Antiguardo, viejito chapado a la antigua, y don Verderiano, viejito rabo verde, platicaban en una banca del parque de la ciudad. Decia don Antiguardo: “No me gustaban las actuales modas femeninas. Con pantalones unas mujeres se ven masculinas” “Para mí -refutó don Verderiano- se ven masculonas”.
4.     Plumario, el perico de doña Pudicia, se sabía religiosamente el rosario, el Nuevo Catecismo Católico y todas las jaculatorias habidas y por haber.  Un día, cuando doña Pudicia, que era tía de Pepito, se fue a sus rezos vespertinos, el tremendo Pepito se subió a la barda de su casa y desde ahí le repetía una y otra vez al perico: “Cabrón... Pendejo... Pinche… Chingao…’’. En ese momento entró la tía Pudicia. “¡Pepito! -le dijo-. ¿Por qué le estás enseñando malas palabras a Plumario?”. “No, tiíta, soy incapaz -respondió el chiquillo-. Le estoy diciendo cuáles no debe pronunciar”


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